RevistaArcadia.com

El pasado no se puede borrar...

Luis Carlos Muñoz Sarmiento reseña el libro del sociologo belga Ludo de Witte, El asesinato de Lumumba

2010/03/15

Por Luis Carlos Muñoz Sarmiento

Es abrumadora la pertinencia hoy en nuestro país de la obra del sociólogo Ludo de Witte sobre el líder congoleño Patrice Lumumba, asesinado, junto a Maurice Mpolo y Joseph Okito, el 17 de enero de 1961 en Katanga, entonces bajo control de militares y funcionarios belgas. Se trata de recuperar un pasado que ni los dioses pueden borrar: por más de 40 años se le mintió al mundo sobre la muerte de quien fue elegido presidente constitucional del Congo. El autor belga se basa en la tesis de doctorado de Jacques Bransinne sobre el asesinato del líder, en la que aquel “alaba la acción belga de la época”, para darle la vuelta al asunto. Un franco reto a la historia oficial…

O sea, Bransinne coincide con las versiones oficiales en cuanto a ver en el asesinato una consecuencia de la inmadurez política de los congoleños. Tesis que se sustentó hasta hace poco y que pretende mostrar el crimen como “un arreglo de cuentas ‘entre bantúes’, con el que Occidente nada tiene que ver”, aclara De Witte. Para, a renglón seguido, decir: “Con el presente libro tengo la intención de desmontar esta tesis”. Y lo hace. ¿Cómo? Haciendo lo que muy pocos investigadores: arriesgando su vida, metiéndose en la boca del lobo, sin temor a perder ofrecimientos o prebendas. Para ello recurrió a los archivos de la onu en Nueva York, del Ministerio de Asuntos Exteriores de Bruselas, a los de personas vinculadas al asunto: entre otros, a los del coronel Vandewalle; los de la correspondencia de Jules Raskin, abogado de Lumumba, con este.

De Witte demuestra que Lumumba fue torturado y asesinado. Cuatro días después su cuerpo desenterrado y parte de él (como el de Mpolo y el de Okito) quemado, ya que sus victimarios se quedaron sin ácido sulfúrico suficiente: los comisarios de policía Soete, Verscheure y Sapwe y nueve policías más, todos oficiales belgas, fueron los encargados de desenterrar, despedazar y luego poner sus restos en ácido sulfúrico. Según Verscheure, no podía quedar nada de los tres dirigentes nacionalistas acusados en forma cobarde de comunistas, criminales, genocidas, antes de ser masacrados. Tampoco podía quedar rastro de un lugar concreto en el que más tarde pudieran recuperarse algunos restos, por nimios que fueran. Son solo detalles narrados en uno de los capítulos más estremecedores del libro, magistralmente escrito. Otro capítulo memorable es el elocuente Echar tierra sobre el asesinato, una operación universitaria, en el que De Witte desenmascara a Bransinne, cuya tesis recibió “la más alta distinción”, por “exculpar a Bélgica” y permitir que el asesinato de Lumumba fuera “por fin elucidado treinta años después…” y al ya citado coronel Vandewalle: ambos estaban involucrados desde el comienzo en el asunto: “Fueron colaboradores de un régimen al que el propio Bransinne reconocía culpable de asesinato”, señala De Witte.

El asesinato de Lumumba es una lección de honestidad para el mundo y en particular para todos aquellos investigadores que parecen desgañitarse tratando de encontrar las razones de un magnicidio, pero que nunca las encuentran, no por imposible, sino porque es más rentable no hacerlo: su actitud les permite vivir toda la vida de lo que hacen, conservar sus privilegios, no ser incómodos para el establecimiento ni responsables de un cambio en el statu quo. En el prólogo, lo deja claro el autor: “Durante cerca de cuarenta años, estas páginas negras se mantuvieron bajo silencio, fuera del alcance de los libros de historia”. Y añade: “Por temor a perder prestigio, crédito y otras comodidades, nadie se ha atrevido a realizar un análisis serio y describir la crisis congoleña tal como verdaderamente se desarrolló”. De Witte, en síntesis, pronunció la palabra que a la historia le prometió Lumumba: la que recuerda que si los dioses no pueden borrar el pasado, tampoco los hombres.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.