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El premio cayó en España

Catalina Holguín Jaramillo reseña la novela de Luis Leante, Mira si yo te querré

2010/03/15

Por Catalina Holguín Jaramillo

El Premio Alfaguara de Novela cayó este año en manos de Luis Leante, un profesor de latín nacido en Murcia, España. Repito, el premio le cayó a Mira si yo te querré, una novela de personajes planos y descripciones grises que no le hacen justicia ni a la belleza del Sahara, lugar donde se desarrolla la mayoría de la novela, ni a los personajes mismos, quienes pudieron haber sido apasionantes y terminaron siendo espectros. La última novela de Leante cuenta la historia del desencuentro amoroso de Montse Cambra y Santiago San Román. La estructura de la novela replica la distancia entre los amantes. En tiempo presente, circa 2000, el narrador nos cuenta sobre el aparentemente inexplicable viaje de la doctora Cambra al Sahara. A su vez, la narrativa en tiempo pretérito, que relata el romance entre Montse y Santiago en el verano de 1974, revela poco a poco el verdadero motivo del viaje de la doctora. Tras enterrar a su hija de diecinueve años y dejar a un marido mujeriego y 100% despreciable, Montse huye al Sahara en busca de su amor de juventud.

El desfase temporal le permite al autor mostrar la situación en la que viven los saharaui, habitantes nativos del Sahara Occidental, unos veinticinco años después de que los españoles se retiraran de esta colonia africana en 1975. La historia de Montse y San Román es entonces también una especie de antes-y-después de la huida de los españoles y de la invasión marroquí y mauritana en el mismo año. Aunque en entrevistas Leante declara que la novela pretende poner en evidencia la situación de abandono que viven los saharaui desde que España abandonó la colonia a su suerte, la novela no es sobre los nativos sino sobre los dos españoles que conviven con ellos en distintas épocas. Si los saharaui aparecen, es como amigos de los protagonistas. Su lucha política por autodeterminación solo aparece como ruido de fondo o, peor aun, como un telón que ambienta una historia de amor de dos españoles, cosa que curiosamente es aplaudida por el jurado que seleccionó a esta entre otras 574 novelas. El jurado, presidido por Mario Vargas Llosa, aplaudió “la fuerza expresiva con que se describen los paisajes y la vida de la última colonia española en África, convertidos en escenario de una historia de amor que marca la vida de los protagonistas”.

La novela no pasa de ser políticamente correcta, y así como a Leante le faltan cojones para tomar una posición interesante frente a la situación de los saharaui, también le faltan cojones para darse al lenguaje. La descripción del paisaje africano es tan evocadora como una foto de baja resolución. En los largos diálogos la personalidad de cada voz se pierde, y en las últimas páginas, cuando uno se acerca a una respuesta que ya casi no quiere encontrar, el narrador afloja la tensión y resuelve en un par de hojas lo que venía construyendo desde hace 298 páginas. Es, además, una novela llena de lugares comunes –el soldado que se va a la guerra en busca de olvido, la mujer que después de un mal matrimonio entra en shock nostálgico y busca por doquier a su primer amor, los buenos samaritanos que ayudan a un reencuentro que termina siendo desilusionante– que incita a cuestionar el veredicto del jurado e invita a imaginarse cómo pudieron ser las otras novelas, las que no ganaron.

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