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El puente sobre el río Han

Nicolás Mendoza reseña la película del director coreano Joon-ho Bong, El huésped

2010/03/15

Por Nicolás Mendoza

De The Host se ha dicho que es una buena película de horror coreana. El problema de esta afirmación es que crea la imagen incorrecta: cuando se habla de “horror coreano” se piensa de inmediato en películas como El Aro y otras por el estilo (así no sean coreanas). The Host es una película completamente diferente y es importante recalcarlo: The Host es una aventura épica, no una película de horror. El tono no es el del horror, y carece de todos los elementos de una película de ese género. El monstruo es una disculpa (exquisita) para contar una historia sobre el amor infinito que une a cualquier familia, sin importar cuánto se odien.

Los acontecimientos suceden a ritmo de montaña rusa. En medio de una linda tarde de verano, el río Han escupe de repente una enorme bestia, a la vez repugnante y vergonzosa. Miles de coreanos aterrorizados escapan en desorden, algunos son devorados, una niña (Park Hyun-Seo) es raptada por la criatura y cuando llega la calma solo queda la amargura de sus familiares. El gobierno atribuye la criatura a un virus contagioso y se desencadena una absurda paranoia generalizada. En medio de un estado de histeria nacional, que poco a poco parece escalar hacia una crisis mundial, los Park son tratados como criminales y en solitario inician la búsqueda y rescate de su adorada Hyun-Seo.

La aventura se desarrolla en las megaestructuras del Seúl contemporáneo sobre el río Han, lo cual produce, además, un inusitado interés arquitectónico. Alcantarillas que, como catedrales, son el reino de la bestia. En algún lugar de este laberinto húmedo tiene su loft; una cloaca de concreto a la vista y doble altura, a la cual se retira a hacer la digestión después de engullir coreanos. Encerrada con el monstruo que la ha secuestrado, acompañada de cadáveres y sin comida, la niña es una heroína impotente que no por estar maniatada deja de intentar el escape.

En el cine de horror sentimos miedo porque el monstruo, llámese Jason, Norman Bates o Bruja de Blair, guarda siempre alguna motivación secreta, un pasado infernal que lo hace sobrenatural y peligroso. El miedo se construye alrededor de nuestra ignorancia (como diría Yoda), por lo que toda buena película de terror se encarga de que no sepamos nunca dónde estamos parados. El monstruo de The Host no nos inspira miedo sino asco; la pregunta no es si los personajes van a sobrevivir sino cómo van a derrotarlo. La batalla final es una confrontación épica con tanta emoción, y (aunque suene extraño) con tanta poesía, que el corazón y el cerebro entran en shock. Al salir de la sala todavía hay en el aire un cierto olor a vértigo.

Además de barrer en los Blue Dragon Awards (algo así como el Óscar coreano), y consolidarse como la película más taquillera de la historia en Corea, The Host ha recibido la ovación unánime de la crítica mundial. Todas las piezas encajan para construir una película única que ante todo es una experiencia enloquecedoramente divertida. Uno de los retos al escribir esta reseña era precisamente el de explicar los múltiples niveles en que The Host logra brillar, pero más eficiente es sencillamente recomendarla: hay que verla porque fácilmente puede ser la mejor película del año.

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