El sonido de la diáspora

José Alejandro Cepeda reseña Colombiafrica - The Mystic Orchestra.

2010/01/26

Por José Alejandro Castaño

Uno de los movimientos poblacionales más dramáticos ha sido la diáspora africana, forjada desde el siglo IX por la esclavitud de la raza negra en los mercados árabes, europeos y americanos, con millones de vidas abandonadas y el sueño de un retorno a su continente. En el nuevo milenio persisten el desplazamiento, la emigración y el refugio, pero también en la música dispersa por el mundo, en la que Colombia cuenta con valiosos protagonistas tras años de diálogo bajo el prisma de la cumbia. Algunos, a través del proyecto Colombiafrica, legan un esfuerzo por realizar la profecía de la vuelta espiritual a casa desde uno de los ritmos más ricos y menospreciados del país: la champeta.

 

La champeta es un género afrocolombiano moderno, fruto del mestizaje imprevisible de esa larga historia de intercambios, cuando en la década del sesenta se descubrió la música popular africana, el highlife, el soukous, el mbaqanga y sus variantes haitianas, en discos que llegaban a Cartagena en manos de viajeros y marineros. Dos de las figuras de Colombiafrica, Viviano Torres y Luis Towers, estrellas de la champeta criolla, se suman a Justo Valdés, uno de los pilares musicales de San Basilio de Palenque, para darle otra vuelta de tuerca a la fusión folclórica que producen la cumbia, el bullerengue o la chalupa desde la champeta, al emparentarla con músicos destacados de África gracias a la producción de Lucas “Champeta Man Original” Silva, investigador colombiano que desde el Château Rouge (la zona africana por excelencia de la capital francesa) puso a rodar la idea con grabaciones en Cartagena, Bogotá y París. Por ello contactó en 2002 al arreglista congolés Bopol Mansiamina del grupo Les Quatres Etoiles, quien había estado en el Festival de Música del Caribe y apreciado los vínculos del bantú o lengua palenquera con el kikongo o el kimbundu del Congo y Angola. El disco se editó en 2007 bajo el sello Riverboat pero solo hasta ahora llega a Colombia.

 

Aquí la champeta popularizada en picós o sound systems callejeros se une a guitarristas como Diblo Dibala, Caien Madoka y Rigo Star (quien podría haber sido baterista), la diva de Guinea Hadya Koyaute o al percusionista camerunés Guy Bilong. Destacan Nyboma, voz de la orquesta Kekele, y las animateurs de soukous de las bandas 3615 Code Niawu y Ocean. El elenco se completó desde Colombia con las cantaoras de lumbalú o baile e muerto de San Basilio Graciela Salgado y Dolores Salinas, Paulino “Batata” Salgado —el desaparecido maestro de la percusión— hasta figuras del jazz y las nuevas músicas colombianas como el saxofonista Pacho Dávila. La gran sorpresa como lo atestiguan “No habla na”, “El faraón Bantú”, “More fire from Colombiafrica” o “Zarandia champeta”, es que más allá de los sonidos de afrobeat, salsa soukus o highlife mandinga es posible una depuración más melódica de la champeta en su propia sabiduría de fiesta de arrabal, acomodándose a las orquestaciones africanas pero dejando que el motor siga siendo la cumbia.

 

Mientras muchos buscan sus raíces en internet, este álbum es importante para la historia afrocolombiana y un homenaje a la patchanka o lenguaje universal del arte, como lo recordara con acierto ese gran grupo francés originado en el París multicultural, Mano Negra, el mismo que se desintegró a bordo de un tren macondiano cuando atravesaba media Colombia en 1993.

 

Colombiafrica - The Mystic Orchestra

Voodoo Love Inna Champeta - Land Millenium, 2011

$29.000

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