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El umbral de todas las ciudades

Julio Caycedo reseña Praga en los tiempos de Kafka de la escritora Patrizia Runfola

2010/02/09

Por Julio Caycedo

La edición tiene un buen grip. Pesa bien entre las manos. Uno encuentra una foto, es lo primero, en una portada sobria. A contra luz se ve el amanecer en la Ciudad Vieja de Praga desde el puente Carlos IV, sobresale, a la izquierda, la sólida silueta negra de una estatua imperial que observa cómo se ilumina la ciudad de las cien cúpulas. El título, Praga en tiempos de Kafka, se tiende entre dos temas inmensamente apasionantes, el autor de La metamorfosis y la fabulosa ciudad irrepetible, Praga: lugar de encuentro de personajes maravillosos y de historias singulares sobre la malla enrevesada de la historia moderna de Occidente.

El amanecer en el puente conduce luego, tras la portadilla, a un mapa dibujado a mano que deja ver una ciudad enorme, intrincada, en la que los apretujados callejones de la periferia parecen poder moverse a voluntad, sugiriendo la realidad posible de un mundo fantástico, al que la princesa Libussa, fundadora de la ciudad, bautizó, acaso proféticamente, como Praha, voz proveniente del chaco prah, “el umbral”. Pues, “para los escritores, los artistas, los hombres sensibles que allí vivieron, Praga fue siempre el umbral de acceso a un mundo misterioso en el que unas circunstancias históricas y culturales extraordinarias generaron realidades extraordinarias; un cruce, ante todo, de culturas diversas e imperiosas, de origen checo, alemán y judío que, durante siglos, alimentaron la vida real e imaginaria de la ciudad” (pág. 17).

El círculo de amigos de Franz Kafka, un sinnúmero de irrepetibles creadores que marcaron con su impronta la literatura, las artes, la arquitectura, la música y el teatro, son el tema que ocupó a la escritora italiana Patrizia Runfola (1951–1999) a lo largo de su delicioso ensayo. Un texto en el que pesa sobre todo la condición vital de sus protagonistas y en el que las referencias de la historia política anterior y posterior a las dos grandes guerras emergen con una necesidad y una economía insuperables, apenas como el contexto de un complejo cuya historia cultural marca el pulso de los párrafos.

En este libro, Kafka es sólo el umbral, casi el anzuelo con el que Runfola gana la atención del lector para pasar de éste, un Kafka jovial, palpitante, alejado de su melancólico lugar común, a su círculo de amigos, a sus familias, a sus barrios, a los infinitos cafés en los que todo se trataba: la filosofía, el nacionalismo, las teorías científicas, las artísticas, el ocultismo y los espasmódicos eventos sociales de una comunidad multicultural, en la que alemanes, checos y judíos se mezclaban en el mosaico idiomático de sus pasiones.

Con una fluidez especialmente literaria, este ensayo conduce a sus lectores a una Praga cercana y posible; a una geografía cuyos nombres impronunciables pierden su aspereza para convertirse en las designaciones de un ámbito seductor, ajeno a las barreras culturales propias de lo desconocido. La erudición artística de Runfola, quien supo vivir en Praga bajo la pesada Cortina de Hierro, y su amor por esta ciudad, sellan el texto con un estilo íntimo, inteligente y de buen humor. La profunda documentación y la pertinencia sutil de las referencias bibliográficas abren las puertas a un mundo tentador y completo para quien quiera explorarlas más. Su libro resulta un aporte importante para el inventario de nuestras lecturas sobre Europa, en donde la historia de Praga es imprescindible y en la que observadores como Runfola deben cobrar su lugar.

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