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El verdadero Mahoma

Matías Godoy reseña la biografía de Mahoma escrita por Karen Armstrong

2010/03/15

Por Matías Godoy

Esta biografía de Mahoma es realmente una comparación entre el profeta musulmán y Jesucristo. Y no es gratis esta característica. Las relaciones actuales (tanto políticas como culturales) entre las civilizaciones inauguradas por estos dos profetas exigen que al peguntarnos sobre el Islam tengamos que hacerlo también sobre la manera en que Occidente lo entiende y se ha relacionado con él. El libro está admirablemente construido sobre esta mirada doble. Así, a través de la narración de la vida de Muhammad Ibn Abdallah –un hombre sabio y compasivo– la autora se ocupa de los problemas más profundos que históricamente han conducido a los conflictos y tensiones del presente, marcados por una visión del Islam como el mundo opuesto al nuestro que se invita a matizar y a desmitificar.

Ante la idea de un Islam homogéneo nos contrapone la multiplicidad de ese mundo, sus numerosos conflictos internos, sus diferencias culturales, regionales y étnicas, la enredada y compleja historia de pueblos tratando de adaptarse al mundo y de convivir entre ellos, tan similar a la historia de Occidente.

A los que sostienen que el Islam es religiosamente opuesto al Cristianismo les muestra cómo los árabes vieron a Mahoma como un profeta más enviado por el mismo dios –Alá, Yahvé o Dios–, y cómo los preceptos del Corán se leyeron durante siglos de la misma manera en que se leyeron la Torah y la Biblia.

En los años ochenta, la publicación de Los Versos Satánicos de Salman Rushdie, un retrato “infiel” de Mahoma, suscitó diversas manifestaciones de la población musulmana en Inglaterra y el mundo, a la vez que la de muchos que condenan el antioccidentalismo legendario del Islam. Ante esto, la historiadora Karen Armstrong muestra cómo ese odio fue inexistente durante siglos, en los que musulmanes y cristianos convivieron en España y la actual Turquía. Solo hasta las Cruzadas, inciativa del todo europea, ese odio se consolidó, o, como lo dice ella: “Durante la época de las Cruzadas Occidente encontró su alma”. En seguida muestra cómo la Ilustración se reivindicó –a su manera– con ellos, y Mahoma fue visto como un “legislador sabio y racional”. En la época colonial el Islam volvió a ocupar el puesto de enemigo de Occidente, lo que perdura hasta hoy, excepto por los esfuerzos de pocos estudiosos que han hecho un intento por acercarse a ese mundo lejano. En últimas, vemos cómo la historia de ese odio ha sido todo menos antigua, continua y homogénea, y muestra un proceso de conocimiento del Islam del que la ignorancia, la arbitrariedad y el interés han sido su columna vertebral.

La implacable argumentación, la “sacada de trapitos al sol” con que la autora confronta uno por uno los prejuicios que siguen alimentando muchos –entre los cuales están tanto George W. Bush como Osama Bin Laden–, permite juzgar mejor los sucesos actuales. En particular el del 11 de Septiembre y sus consecuencias e implicaciones: Karen Armstrong ha sido valiente al invitarnos a poner en duda la intención del gobierno estadounidense al mostrar la tragedia de las Torres Gemelas como un suceso solo explicable a futuro, es decir, como una causa y una justificación de lo venidero y no como una prueba de un problema profundo que viene gestándose por siglos y del que Occidente es en gran parte responsable.

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