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El viaje del elefante

Miguel Silva reseña el más reciente libro de José Saramago, El viaje del elefante Alfaguara, 2008 280 páginas

2010/07/02

Por Miguel Silva

La primera jirafa que llegó a Europa fue la que llevó a Roma Julio César luego de su exitosa campaña egipcia. Los romanos la bautizaron Camaleopardo porque el animal nunca antes visto les pareció una mezcla de camello y leopardo y la vieron morir despedazada por los leones en el circo.

En la Europa del Renacimiento hubo otras jirafas famosas. La jirafa de Lorenzo de Medici, por ejemplo, importada para causar el mismo efecto político de Julio César; o la jirafa Masai que envió el virrey otomano de Egipto Mehmet Ali Pasha a Carlos X de Francia en 1826, cuyo viaje por tierra desde Marsella hasta París fue todo un acontecimiento durante esos 41 gloriosos días. Hay un buen libro sobre el tema, escrito por Michael Allin, titulado Zarafa.

Hay rinocerontes, también, que estremecieron a Europa. Uno de ellos fue regalo del rey portugués Manuel I al papa León X. Víctima de un naufragio en costas italianas, el animal nunca llegó a Roma.

Igualmente, hay diversas historias de elefantes en Europa. Pero el primero en recorrer a pie un largo trecho europeo, para felicidad y pavor de la población, fue un elefante asiático llamado Salomón.

Salomón había llegado a Lisboa desde Goa en un barco portugués en 1548. Tres años después, su dueño, el rey Juan II de Portugal, temiendo que su regalo de bodas no había sido suficiente para agradar a Maximiliano Archiduque de Austria, yerno de Carlos V, decidió obsequiarle el elefante. Para hacer la entrega en Valladolid, el rey envió a Salomón en compañía de una comisión que incluyó soldados del regimiento, bueyes para acarrear forraje y agua, y al encargado del elefante, también originario de la India, un cornaca llamado Subhro.

El más reciente libro del escritor portugués José Saramago, El viaje del elefante, narra la historia del viaje de Salomón por los caminos europeos. Más en la tradición de Historia del cerco de Lisboa y de El Evangelio según Jesucristo que del Ensayo sobre la ceguera, se trata de una novela escrita por un estupendo contador de historias. Es un verdadero placer leerlo.

Resulta imposible no encariñarse con Salomón, el elefante, y con el cornaca (su domador), quienes son el camino para entrar al corazón del siglo XV y de los hombres y mujeres de la época; de las autoridades políticas y eclesiásticas; de las diferencias entre clases sociales; del encuentro entre el cornaca proveniente de la India y los oficiales a cargo de la caravana (portugués el primero hasta Valladolid, austriaco el segundo de allí a Viena), de las propiedades milagrosas del elefante o de sus atributos heréticos.

El lector no debe asustarse ante un estilo que parece mezcla de El otoño del patriarca y de la novena de Navidad (sí, esa que empieza con el “Benignísimo Dios de infinita caridad…”), con lector omnisciente que aparece de capítulo en capítulo cada vez un poco más, y que hace uso de pocas comas y escasos puntos seguidos. La historia es buenísima y, aunque se trata apenas de un divertimento, en cada página es posible presenciar la notable maestría del gran Nobel portugués.

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