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Falta de tacto

Emilio Sanmiguel ahonda en la polémica en la que se hundió el pasado Festival Internacional de Piano de Bucaramanga.

2017/05/22

Por Emilio Sanmiguel

Claro que hubo falta de tacto. Eso no se puede negar. Para resumir la historia, en Bucaramanga la Universidad Industrial de Santander (UIS) organiza desde hace décadas el Festival Internacional de Piano, que no ha logrado posicionarse como tal, por razones que no viene al caso, creo, analizar ahora. Lo cierto es que la versión 2015 fue bastante decepcionante. Cecilia Reyes de León escribió en Vanguardia Liberal una columna en la que hizo varias observaciones al respecto.

Como Cecilia es una voz que goza de mucho respeto, en su condición de haber sido la primera mujer que llegó a la rectoría de la UIS, de ser una autoridad en el medio académico universitario nacional y, además, melómana y pianista aficionada, sus observaciones generaron una profunda reflexión al seno de la organización.

A la final le dieron un vuelco a la programación y resolvieron, entre otras, cancelar la presentación del pianista Harold Martina, para dar cabida a nuevas figuras internacionales del mundo del piano. De inmediato se elevó la voz de protesta de la pianista Blanca Uribe, que por escrito se dirigió a Erika Pieschacón, directora cultural de la UIS: “[…] me considero con el criterio para expresarle la vergüenza que siento como colombiana por el desaire, la falta de respeto con el maestro Martina, uno de los pilares de la música en Colombia y específicamente del piano”.

La carta fue publicada hace unas semanas por la también pianista Hortensia Galvis en su columna de Vanguardia. Claro, como era de preverse, desató mucha indignación, especialmente en Medellín, donde Blanca Uribe goza de un merecidísimo respeto y por supuesto que no le falta razón. Porque sería necio negar que hubo muchísima falta de tacto en el manejo de un tema tan espinoso. Quiero creer que no era la intención del festival irrespetar a Harold Martina, pero, sí me temo que el manejo del asunto fue equivocado, muy equivocado. Pues aunque las formalidades legales de su presentación (la firma de un contrato) no se habían cursado (lo cual es usual en el medio musical) su recital de Bucaramanga se daba por hecho.

Con algo más de experiencia, la directora cultural de la UIS habría podido –¿aún hay tiempo?– optar, por ejemplo, por unas “clases magistrales” de Harold Martina durante el festival.

Porque los protagonistas son personalidades que, a lo largo de toda una vida, se han labrado con su trabajo el lugar que ocupan. Blanca Uribe habla desde la autoridad que le confiere el haber sido la pianista más profesional que ha visto Colombia, la única con la disciplina para tocar la suite Iberia, de Albéniz, y en dos oportunidades el ciclo de las 32 sonatas de Beethoven. Harold Martina, nacido en las Antillas Holandesas y hoy radicado en Estados Unidos, fue por décadas el pianista indispensable de la vida musical en Colombia, la garantía para acompañar la presentación de las estrellas internacionales que visitaban el país y sus presentaciones como solista de recitales y conciertos siempre fueron una garantía.

Pero esto no es tan sencillo como parece. Tiene facetas. Blanca Uribe me escribe: “Señor Sanmiguel: me parece que el único ángulo para tratar al maestro Martina en lo profesional y personal es el del respeto”, y tiene razón, en parte.

Hubo mucha falta de tacto por parte de un evento que, a la final se está jugando su supervivencia, cuando hay también voces que piden renovación y un cambio profundo. Y eso es más que anecdótico, Bucaramanga se prepara para la inauguración del Teatro Santander, programada para finales de año, y es impostergable darle un nuevo soplo de vida a la vida musical. Y renovar era un asunto que no dejaba alternativa.

Pero, a veces, de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno.

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