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Una salida en falso

Emilio Sanmiguel sobre la salida de Sergio Restrepo de la dirección del Teatro Pablo Tobón de Medellín, al ser relevado del cargo luego de seis años de trabajo.

2017/04/22

Por Emilio Sanmiguel

Para qué darle otra vez vueltas a este asunto, cuando de sobra se sabe que las relaciones entre el Estado y la cultura han sido de siempre un matrimonio mal avenido. Claro, todo parece indicar que la salida de Sergio Restrepo de la dirección del Teatro Pablo Tobón Uribe de Medellín estaba cantada de tiempo atrás.

Porque no era una persona cómoda para la administración de Federico Gutiérrez, alcalde de la capital antioqueña, quien manifestó “no querer en su administración artistas y gestores culturales que generen polémica, porque ellos ya no son bienvenidos en la ciudad”. Y no era cómoda porque desde el año pasado, venía declarando, ante el Ministerio de Hacienda, y naturalmente el de Cultura, su abierto desacuerdo y descontento con las políticas culturales estatales, especialmente en materia presupuestal.

El 19 de abril del año pasado, Restrepo dimitió a su designación como jurado de las Convocatorias de Salas Concertadas del Ministerio de Cultura. Apartes de su carta de renuncia aclaran su posición: “Me invitan a una reunión en Bogotá para manifestarme que hay comentarios, rumores, que no pueden decir de quién ni claramente qué, pero que ponen en duda mi objetividad e idoneidad como jurado por haber participado en este debate […] en otras palabras, y como queda claro en conversaciones escritas con el abogado del Ministerio, que yo renuncie”, naturalmente hace referencia a su participación en el movimiento de “Salas desconcertadas” que se dio por esa misma época, en rebeldía a las políticas del Ministerio.

Lo cierto es que el pasado 30 de marzo la junta directiva del teatro, presidida por Amalia Londoño Duque, secretaria de Cultura de Medellín, sacó por la puerta de atrás, sin muchos protocolos, tal y como lo expresó Vladdo en su caricatura de la revista Semana, a quien fue el encargado de sacar el Pablo Tobón Uribe de la decadencia cultural en la cual estaba sumido.

Asumió la dirección a principios de 2011. Inauguró su gestión por todo lo alto, con El rapto del serrallo, de Mozart, con la Orquesta de Eafit que dirigió Cecilia Espinosa y puesta en escena de Detlef Scholz, con el coro de cámara Arcadia y un elenco de cantantes de Medellín. Esa inauguración llevaba implícito el mensaje del que sería el sello de su gestión: volver a convertir el Pablo Tobón Uribe en un centro cultural de Medellín y para Medellín. Y lo consiguió.

Por razones profesionales, además de haber asistido a conciertos y recitales, he realizado un mínimo de dos visitas anuales al Pablo Tobón a lo largo de la última década. Me consta la abigarrada agenda de programación, no solo del teatro mismo, sino de sus dependencias, y eso habla bien de su trabajo. En cifras, el asunto es más elocuente: el Pablo Tobón pasó de manejar una agenda de compromisos de 300 millones a 3.000 millones de pesos.

Reunía las condiciones ideales para dirigir un teatro: ser artista y gestor. Se cuentan con los dedos quienes las han reunido: Fanny Mickey, Ramiro Osorio, Luz Stella Rey, Ricardo Camacho, Santiago García, Sergio Restrepo… sobran cuatro dedos.

Qué salida en falso del alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez. Otra prueba de eso que decía al principio: qué mala pareja hacen el Estado y la cultura, nunca se agarran el paso…

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