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En busca del tiempo perdido

Nicolás Mendoza reseña la última película de Pixar Animation Studios, Wall-e

2010/03/15

Por Nicolás Mendoza

Las películas de Pixar Animation Studios son invariablemente sorprendentes. Desde Toy Story (su primer largometraje, y el primero en el mundo realizado completamente en animación 3D) hasta Wall-e, el estudio ha mantenido un alto nivel en todas sus películas. Pixar se ha caracterizado siempre por su impresionante animación, pero también por el sentido del humor, los personajes entrañables y las historias bien contadas. Historias para niños, bien contadas.

¿Historias para niños? ¿Cuáles son, y qué significa que sean bien contadas? Creo que la definición de “historias para niños” debe ser: son aquellas historias que le entusiasman al niño que llevamos dentro, sin importar la edad que tengamos. Una definición que solo funciona a posteriori, y que es la única que puedo construir desde mi edad. Contarlas bien es nunca subestimar a dicho niño interior. Es irritante ver a un adulto hablándole a un niño como si fuera bobo y cuando una película “para niños” lo hace, es insoportable. Hay que salirse.

Con lo anterior en mente, se puede decir que la experiencia de ver Wall-e es algo así como leerle un libro de Stephen Hawking al niño interior. La primera mitad de la película, llena de una magia sobrecogedora, pasa prácticamente en silencio. El único diálogo que escuchamos es una brevísima conversación en la que dos robots se dicen el nombre.

Algo extraño ha ocurrido porque vemos una ciudad en la cual conviven rascacielos convencionales de concreto, con otros (extraños, amorfos, preocupantes) construidos con basura. La desolación, sumada a la intuición de que ha pasado una prolongada extensión de tiempo desde la última vez que un humano pisó esa ciudad, establecen el clima nostálgico presente en toda la historia.

Sin prisa, sabemos lo que ocurrió allí. Es una historia a la vez íntima y épica narrada con imágenes de gran fluidez y de una factura impecable: nos olvidamos incluso de que es animación, porque si a algo se parece es a un sueño. Hay algo de Kubrik en todo esto, más allá de las evidentes referencias al rebelde computador HAL 9000 o al Así hablaba Zarathustra (de 2001: odisea del espacio), hay una cierta belleza de las cosas terribles que solo Kubrick me había hecho vivir en el pasado. ¿Esta es una película para niños

?Tal vez para compensar, la segunda mitad de Wall-e busca terrenos más convencionales. Hay una historia de amor un poco incómoda, difícil de creer (la ciencia ficción exige cierta comprobación científica al fin y al cabo), una persecución demasiado larga, y un final lleno de cabos sueltos. En todo caso, el talento de Pixar es lo suficientemente grande como para que los peores momentos de la película no sean del todo malos. Es solo que se empieza en un nivel despiadadamente alto, que se añora siempre, porque cuando Wall-e se toma a sí misma muy en serio no hay nadie en el teatro que quiera tener más de 11 años.

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