En nombre del arte

José Alejandro Cepeda reseña Sacrificium de Cecilia Bartoli.

2010/12/15

Por José Alejandro Cepeda

Hubo un tiempo en Europa, en los días gloriosos del período barroco, en el que fue impensable que la voz humana se expresara sin la virtuosidad omnipresente de los castrati. Aquellos hombres castrados en su juventud se convirtieron a través de su mutilada sexualidad, su trastornada identidad y su desequilibrio emocional, en instrumentos musicales vivientes de sublime belleza. Ya desde el imperio de Bizancio (330-1453) se vislumbraban los milagrosos registros de soprano, mezzo-soprano y contralto de los eunucos de la corte, irradiando una forma única de sensualidad, poesía y tragedia. Un esplendor y una extravagancia que la ágil cantante italiana Cecilia Bartoli, junto a Il Giardino Armonico y la dirección de Giovanni Antonini, recrea con respeto y virtuosismo.

 

Lo propuesto no es fácil: cantar como los castrati implica acercarse a una refinación lograda a través de una contradictoria flexibilidad que resultaba de suspender la pubertad y la maduración del cambio vocal para favorecer tonos de carácter femenino, así como de una gran capacidad pulmonar debida a los rigurosos entrenamientos a los que se sometían. Sin embargo, Bartoli desde la turbulenta apertura del disco, “Come nave in mezzo all’onde”, demuestra que es capaz de sostener una coloración y falsetto singulares, recordando la magia de algunas de las grabaciones sobrevivientes de los últimos castrati. Por otro lado, piezas como “Quel buon pastor son io” nos recuerdan que tras su apogeo entre los siglos XVIII y XIX, los castrati interpretaban lo que a las mujeres les era prohibido por su inaccesibilidad a ciertos recintos, especialmente religiosos, hasta que fueron desapareciendo tras la unificación italiana y cuando el Papa León XIII los prohibió en 1878, aunque hasta entrado el siglo XX se oyeron sus remanentes en el Coro de la Capilla Sixtina. Un equilibro vocal angelical, casi perfecto, que Bartoli intenta retratar en la belleza de exigentes temas como “Deh, tu bel Dio d’amore ...Ov’è il mio bene?”.

 

El álbum, acertadamente titulado Sacrificium (pues cerca de 4.000 muchachos eran sacrificados anualmente en nombre del arte), se concentra en el repertorio de La Scuola Dei Castrati que tuvo como epicentro a Nápoles y como compositor al pedagogo y empresario Nicola Porpora (1686-1768), quien para la escritora George Sand merecía ser nombrado “premier maître de chant de l´univers”. Y esto que puede sonar a exageración se constata en que entre sus pupilos estuvieron el gran Farinelli, Caffarelli, Salimbeni, Appiani y Porporino, el quinteto castrati más ilustre del mundo. Como si fuera poco, fue maestro de grandes libretistas de la ópera como Pietro Metastasio e influyó en compositores excelsos como Joseph Haydn. De doce arias incluidas, once se grabaron por primera vez, recreando además la obra de Antonio Caldara, Leonardo Leo, Francesco Araia, Carl Heinrich Graun y Leonardo Vinci. Hay disponible una edición doble ampliada, que recala en composiciones más familiares de la música castrati como “Son qual nave” de Broschi, “Ombra mai fu” de Händel y “Sposa, non mi conosci” de Giacomelli.

 

Ante la actual falta de voluntarios, queda abierta la pregunta hecha por Wilhelm Heinse en 1795 de si una voz femenina puede reproducir ayer u hoy la destreza castrati. En todo caso, por ahora, este registro hecho en el Centro Cultural Miguel Delibes de Valladolid constituye una de las mejores aproximaciones a su legado.

 

Cecilia Bartoli

Sacrificium

Decca, 2009

$37.000

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