Portada del libro.

Salvados por el demonio

'En nuestros corazones éramos gigantes' retrata la historia, real, de una familia de enanos que sobrevivió al exterminio de Auschwitz.

2017/12/12

Por Mauricio Sáenz

En la historia de estos siete enanitos nunca hubo una Blancanieves. Lejos de la fantasía infantil, el relato de su vida tiene que ver con el horror y el sufrimiento. En efecto, ellos cayeron en manos de los nazis, y contra toda lógica sobrevivieron al campo de exterminio de Auschwitz. Y lo hicieron gracias al benefactor más insólito imaginable: al doctor Josef Mengele, el ángel de la muerte.

Los israelíes Yehuda Koren y Eilat Negev acometieron la tarea de reconstruir la vida de la familia Ovitz a partir del testimonio de la última que quedaba en 2001, Perla, y su narración parecería inverosímil si no fuera porque otros testimonios de testigos también sobrevivientes la confirman en su mayor parte.

Los Ovitz habían nacido en Rozavlea, una remota aldea de Transilvania. Su padre, Shimshon, el primer enano de su familia, tuvo diez hijos, siete de ellos enanos (dos hombres y cinco niñas). Su madre, preocupada por la supervivencia futura de su prole, les hizo dos recomendaciones que resultarían sabias: siempre permanecer juntos y aprovechar sus habilidades musicales, buena presencia y una personalidad abierta y graciosa, para dedicarse al espectáculo.

Portada del libro.

De ese modo, cuando la tragedia del nazismo tocó a su puerta por cuenta del gobierno títere de Rumania, ellos ya tenían fama y fortuna. No solo eran la familia enana más grande de la que aún hoy se tenga noticia, sino el único espectáculo de variedades conformado solo por artistas pequeños en la historia de las tablas.

Eran tan célebres y prósperos que poseían el único automóvil del pueblo, que era como tener avión hoy en día. Vivían juntos, como siempre lo hicieron, en una especie de cooperativa de ayuda mutua con sus hermanos altos y sus cónyuges, que se convertían en auxiliares y administradores de la Troupe Lilliput, nombre de su empresa.

Pero sus condiciones excepcionales también escondían una maldición. No solo por ser judíos calificaban para la Solución Final, sino que su síndrome los ponía en la mira del programa de eutanasia nazi. Unas personas como ellos, totalmente dependientes de ayuda hasta para los menesteres más

elementales, no tenían posibilidades de sobrevivir a lo que les esperaba, primero en el fatídico tren de carga, y luego en el campo de concentración.

Pero la historia les tenía reservada una sorpresa en cabeza del ángel de la muerte en persona, el doctor Josef Mengele. El apuesto médico y antropólogo de las SS realizaba en Auschwitz los experimentos con los que los nazis aprovechaban atrozmente los organismos de prisioneros que de todos modos iban a matar.

Su pasión era la genética, y por su mesa de trabajo pasaban los que tuvieran características inusuales: los guardias le escogían a los jorobados, los tontos, los hermafroditas, a los gemelos y, por supuesto, a los enanos. Por eso, cuando supo de una familia de siete, que además tenía dos hermanos de estatura promedio, comentó feliz que tenía trabajo para 20 años.

Semejante viraje del destino condenó a los Ovitz a sufrir los exámenes más crueles, pero salvó sus vidas. Mengele los cuidaba y les dio privilegios insospechados, como vestir sus propias ropas y comer un poco más que los otros prisioneros. Sus testimonios refieren la visión espectral de una troupe de enanitos bien vestidos y alimentados caminando alrededor del monstruo en pleno campo de exterminio.

Con las tropas rusas a pocos kilómetros, Mengele desapareció y los Ovitz consiguieron regresar a su pueblo. Eventualmente emigraron a Israel, donde retomaron sus carreras hasta 1955. Su condición física, aunque debilitante, no les impidió vivir hasta una avanzada edad. Esa extraordinaria familia, unida hasta el final, logró lo imposible. El libro documenta el modo en que ellos lograron favorecer a otros prisioneros a partir de sus propios privilegios, pero no es muy claro en responder una pregunta crucial: ¿cruzaron la línea moral y perdonaron a Mengele?

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