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Enemigos íntimos

Mauricio Sáenz reseña el libro de Yakov Rabkin, Contra el Estado de Israel

2010/06/30

Por Mauricio Sáenz

Desde su fundación en 1948, Israel ha librado varias guerras para sobrevivir en un entorno hostil. Sus ejércitos siempre han salido victoriosos, pero solo para prepararse para el siguiente enfrentamiento. Esa especie de interinidad permanente, esa zozobra en la que viven los israelíes ante el siguiente bombazo o el nuevo enfrentamiento militar enciende aún más las críticas de los mayores adversarios del sionismo.

Pero estos no son los árabes. Al menos con ellos existe la posibilidad de llegar a una solución política, por más que parezca lejana. La verdadera némesis del Estado de Israel está, quién lo creyera, en los judíos ultrarreligiosos que consideran que el sionismo, el movimiento político-militar que condujo a su creación, es una herejía equiparable al becerro de oro, pues rompe con milenios de historia y se convierte en la antítesis del ser judío.

Los judíos antisionistas son pocos, son pacifistas por naturaleza y sus acciones se limitan a salir con pancartas cuando la ocasión y el lugar, Londres, Nueva York, Toronto o Tel Aviv, lo ameritan. El espectáculo es surrealista, y muy pocos, por no decir ninguno de los asombrados transeúntes entiende por qué esos judíos barbudos de sombrero negro y bucles llevan pancartas contra el Estado sionista y a favor de los palestinos.

A pesar de ello, y de que la mayoría los considera una franja lunática, su amenaza no es menor, porque los mueve el objetivo irrenunciable de recobrar lo que consideran la esencia del judaísmo: la obediencia a los preceptos divinos de la Toráh. Y porque aunque no son muchos, ellos aseguran que los procesos de su religión siempre han estado al cuidado de minorías, y que tienen el tiempo de su parte: los judíos han sobrevivido miles de años sin un Estado, mientras el de Israel, con escasos 60 sobre la faz de la Tierra, bien podría ser a la larga una anomalía en la historia de su pueblo.

Tales movimientos han vivido en la oscuridad a pesar de que nacieron casi al mismo tiempo con el sionismo, a fines del siglo XIX. No son mencionados en su historia oficial, y los medios mundiales les dan poca resonancia a sus acciones, recibidas más con indignación que con análisis. De ahí que el libro de Yakov Rabkin Contra el Estado de Israel, una historia de la oposición judía al sionismo no deja de causar controversia.

A diferencia de otras obras de judíos contra Israel, esta se enfoca en los detractores movidos por la religiosidad, entre los cuales no solo hay ultraortodoxos, sino reformistas, hasídicos, ortodoxos modernos, judíos de la diáspora, e incluso religiosos nacionalistas (hoy en el núcleo duro del sionismo) que han comenzado a cuestionarse su adhesión al concepto. Según afirman los rabinos opositores citados en el libro, los judíos piadosos, humildes y temerosos de Dios, no pueden aceptar al Estado de Israel por la sencilla pero contundente razón de que la Tierra Prometida les debe ser entregada por el Mesías, en señal de redención por sus pecados. Una razón que se hace aún más fuerte en cuanto la existencia de Israel implica un conflicto violento e irredimible con los palestinos.

Pero ni los antisionistas religiosos más recalcitrantes aspiran a que el Estado de Israel desaparezca a sangre y fuego. Su objetivo es que se disuelva pacíficamente para dar paso a la convivencia con los árabes, que fue la norma en la región hasta que fue creado. Se trataría, en últimas, de devolver la situación a su origen, cuando el Estado de Israel no había incrustado en el alma colectiva de los judíos religiosos un sentimiento de culpa cada vez más insoportable para ellos.

Rabkin, canadiense de origen ruso, es profesor de Historia de la Universidad de Montreal. Aunque el solo hecho de escribirlo implica una actitud por lo menos abierta al tema, Rabkin sostiene que es neutral e incluye, más que las suyas, las opiniones de los expertos y de los protagonistas, tanto enemigos como defensores del sionismo. El resultado es un libro sólido y esclarecedor que permite mirar, con una perspectiva distinta y sorprendente, la problemática aparentemente insoluble del conflicto en el Oriente Medio.

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