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España queda en Corea

Gustavo Gómez Córdoba reseña Spain Again , el último disco de Michel Camilo y Tomatito.

2010/03/15

Por Gustavo Gómez Córdoba

Hay matrimonios que funcionan. En serio. Y funcionan mejor si los cónyuges viven cada uno en su casa. O en su país. La clave es verse sólo cuando de verdad hay ganas de quererse, como se quieren Michel Camilo y Tomatito: de lejitos. Se casaron oficialmente hace seis años y ofició como padrino del singular (¿o plural?) romance el cineasta Fernando Trueba, quien no hace mucho apadrinó otra unión hispanotropical: Bebo Valdés y el Cigala, donde las cigalas las come el cubano y el “bebo más de la cuenta” corre por cuenta del español.

Del matrimonio entre Camilo y Tomatito nació Spain, que ya había nacido antes en un parto memorable… y si alguien, como suele suceder, no se acuerda de lo “memorable”, diremos que Spain vio la luz discográfica en el álbum Light as a Feather, del grupo de fusión jazz-rock Return To Forever (1972). Como casi todo lo made in Corea, “Spain” le ha funcionado bastante bien al pianista y no había por qué pensar que fuera a fallarle al dominicano Michel Camilo, menos con el respaldo de Tomatito. “Spain”, el standard, bautizó el disco y la unión, y se presentó al mundo con música original de Camilo (“Two Much”) y Tomatito (“A mi niño José”, “La vacilona”), una intro inspirada en el Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo (que a veces usaba Chick Corea como preludio de “Spain”), dos piezas muy del sur de Luis Salinas y un agradable lugar común, “Bésame mucho”, de Consuelo Velásquez. No más. Excepto, claro, el obligado cuadernillo de notas interiores con explicaciones no pedidas: que no es usual escuchar música de guitarra y piano, que los tonos de ambos instrumentos parecen ser incompatibles, que se trataba de una arriesgada mezcla entre el flamenco y el jazz latino, que cada músico puso a disposición del otro su lenguaje y do, re, mí, bla, bla, bla… Se dijo ya al principio de esta nota (esta nota es si): sí, funcionó.

Y todo lo que funciona tiene enormes posibilidades de seguir haciéndolo; aunque se trate de un matrimonio. Por eso Michel Camilo y Tomatito (José Fernández Torres, según su pasaporte) disparan unos cuantos cartuchos más en “Spain Again”, donde, como en el título del disco, de nuevo hacen del estudio de grabación su hogar (al que llegan con no pocas presentaciones de por medio). Dice la crítica –¿alguien sabe quién es y dónde vive La Crítica?– que el nuevo disco es más romántico que el anterior, como si la crítica señora tuviera sentimientos y supiera medir las querencias. La mezcla es, más allá de la discusión sobre el romanticismo, bastante similar a la de Spain: algo de Corea (“La fiesta”), aires argentinos (“El día que me quieras” y una suite de tributo a Piazzolla), dos piezas de Camilo y dos de Tomatito y, novedad, un tercero (“¿Y cómo es él? ¿En qué lugar se enamoró de ti? ¿De dónde es? ¿A qué dedica el tiempo libre?”)… se sabe que se llama Juan Luis Guerra, que debió de “enamorarse” de Camilo en República Dominicana y que dedica el tiempo libre a escribir canciones como “Amor de conuco”, responsable del único ménage à trois del álbum. ¿Sabe alguien qué pasó con Trueba? Que contesten Bebo y Cigala. O que alguien se acuerde, por lo menos, de que en 1979 escribió y dirigió Homenage à trois… sin Camilo, Tomatito y Guerra.

Spain Again, otra vez, está muy bien. Un disco armado para que nadie se aburra, para que aun los comentarios más duros que se hagan le reconozcan calidad y para, seguro, darle piso a una nueva serie de presentaciones del pianista y del guitarrista. Pero, si a alguien se le ocurre otro envión, que se atienda esto: terceras partes sólo le han funcionado a Coppola. Y aquí, como no sea en los agradecimientos, ya no hay siquiera Trueba como “padrino”.

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