Librerías

Especies en peligro de extinción

2014/02/28

Por Martín Gómez

Hoy en día la supervivencia de las librerías y otros puntos de venta de libros se ve amenazada por las plataformas de comercio electrónico que venden mercancías físicas y contenidos digitales de toda clase, por lo que Librerías podría ser un inventario de especies en peligro de extinción en el que se percibe un aire de nostalgia por un mundo cuyo Apocalipsis parece acercarse inevitablemente. En su libro, Jorge Carrión recorre como turista y viajero un circuito internacional de librerías llevando consigo el pasaporte imaginario que tienen “quienes se proclaman sin nación y por encima de las leyes”. En su relato de viaje que traza un mapamundi compuesto por los sellos de los lugares a los que ha ido, Carrión lleva al lector de visita a decenas de librerías ubicadas en ciudades que ocupan un lugar central en nuestro inconsciente colectivo y en otras que se encuentran en su periferia o que ni siquiera figuran en él. Se trata de un texto que no solo exuda fetichismo por las librerías, por los libros y por las celebridades literarias, sino que además está lleno de mitos y lugares comunes porque en gran parte de eso está hecho el imaginario libresco.

Carrión señala la doble dimensión simbólica y económica de la librería al tiempo que destaca su rol como espacio de resistencia, activismo y apertura evocando casos como la Librería del Pensativo en Ciudad de Guatemala o la Librairie des Colonnes en Tánger. Stalin, Hitler y otros dictadores fueron amantes de esas “trincheras de lectura política” donde a menudo se venden libros prohibidos y se burla la censura. Y no hay que olvidar que en su momento la Shakespeare and Co. en París, la City Lights Books en San Francisco o la Peace Eye Bookstore y la Gotham Book Mart en Nueva York fueron potentes focos de la contracultura. Además de tiendas de libros, las librerías son centros culturales y cada una de ellas es recordada por las figuras que al coincidir allí en alguna época le han dado vida dejando una huella en la memoria colectiva. De ahí que ciertas librerías míticas terminen convertidas en atracciones turísticas, museos o templos de culto para bibliófilos.

Las ciudades evolucionan con el paso del tiempo y las librerías no son ajenas a este proceso. Así como son muchos los espacios que han pasado por un proceso de resignificación al ser convertidos en librerías –“hoteles, estaciones de tren, cines, iglesias, palacios, bancos, imprentas, galerías de arte o museos”–, la naturaleza de éstas también ha cambiado con la ampliación de su oferta: allí se sirven bebidas o comidas y los libros, los bolígrafos y las libretas conviven no solo con películas y discos sino también con productos de electrónica de consumo, suvenires, mapas y accesorios asociados a su entorno geográfico o temático. A la función de café o restaurante de la librería se le ha sumado la de una boutique.

La oferta de una librería representa el estado de cosas y las aspiraciones de la sociedad que la alberga. Y como instancia de prescripción la librería contribuye a la definición de un canon al decidir “a qué lecturas va a tener acceso la gente, cuáles se van a difundir y por tanto van a tener la posibilidad de ser absorbidas, desechadas, recicladas, copiadas, plagiadas, parodiadas, admiradas, adaptadas, traducidas”. Si la evolución de las especies se obstina en acabar con las librerías, que este libro quede para la posteridad como un testimonio arqueológico de una era que puede acabarse dentro de pocos años.


 

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