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Fado alejandrino

Luis Fernando Afanador reseña Fado alejandrino de António Lobo Antunes Mondadori, 2006 648 páginas

2010/03/15

Por Luis Fernando Afanador

Fado alejandrino se publicó por primera vez en Portugal en 1982, pero sólo hasta 1992 apareció una fugaz traducción española en la editorial Grupo Libro. Por eso, resulta una buena noticia tenerla de nuevo en nuestro idioma bajo el sello Mondadori. Aunque es la quinta novela de Lobo Antunes, es en realidad su primera importante, no sólo por el reconocimiento internacional que obtuvo, sino porque allí aparecen los temas que identifican su mundo narrativo: el trauma de la guerra colonial, la relación hombre-mujer, la homosexualidad latente, las enfermedades físicas, la neurosis, la decadencia portuguesa, el sinsentido de la vida y la vileza de la condición humana. Y en lo formal, si bien tiene una estructura menos audaz que sus últimas producciones, insinúa ya las celebradas características de su estilo: frases largas y densas, ritmo torrencial, mezcla abrupta del pasado y el presente y voces de los personajes que se alternan sin solución de continuidad en una suerte de composición coral.

La extensa novela se encuentra dividida en tres partes bien definidas: “Antes de la revolución”, “La revolución” y “Después de la revolución”. Se inicia con la llegada a Mozambique del soldado Abilio y de ahí, sin ningún aviso, pasamos al Bar Boite Madrid de Lisboa, un burdel en el que Abilio se encuentra acompañado de prostitutas y de los otros tres protagonistas: un teniente coronel, un alférez y un oficial de transmisiones. Mientras se emborrachan y observan decadentes espectáculos, recuerdan su vida en Mozambique y cuentan qué ha sido de ellos desde entonces. Cada uno expresa una personalidad diferente y a la vez representa un rango social y económico que será bastante útil a la hora de mostrar los cambios que ocurrirán en la sociedad portuguesa.

El teniente coronel está obsesionado con la muerte de un negro enemigo en Mozambique (“lo maté”) y con la de su mujer a causa de un cáncer (“la maté”); el alférez, con las secuelas de la guerra y con dos episodios hermanados en su memoria: la compra de la virginidad de una niña nativa en una choza asquerosa y su boda con Inés, una mujer de la alta sociedad; el oficial de transmisiones, infiltrado en el ejército, con su falta de compromiso en la militancia revolucionaria y el soldado, menos entendido que los otros –padeció una meningitis en su niñez–, con los inexplicables cambios que afectarán su vida de trabajo, novia y vicios. La revolución los confrontará de manera diferente y el conocimiento de un hecho imprevisto dará infeliz término a la sórdida tertulia.

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