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Negras mentiras

Felipe Cammaert reseña "La casa de la belleza" de Melba Escobar

2015/03/27

Por Felipe Cammaert

Cae un aguacero en Cartagena: a una niña se le enchuta el pelo el día de su fiesta de 15 años. Llueve a cántaros en Bogotá: la misma niña, años después, ya mujer, llega a su trabajo en un salón de belleza con el pelo calado y sus rizos al descubierto. Karen (es su nombre) recuerda su infancia perdida en un barrio popular de La Heroica como quien rebobina un negativo velado por el tiempo, para constatar que del pasado no queda nada. O casi nada. Viene de asistir al funeral de uno de sus amantes. Karen comprende entonces que no podía salir de sí misma, que ya era eso y nada más, ese cuerpo como palmera, como gacela, esa carita asustada, esa tristeza lánguida, esa altivez desperdiciada, ese orgullo que no había encontrado asidero en este mundo, esas ganas de llegar y sin tener a dónde. Del salón queda solo la fachada; el libro recorre los más negros recovecos de una sociedad ostentosa y postiza, siguiendo a Karen, esa especie de negra de pelo lacio con nariz de blanca”.

La Casa de la Belleza
es uno y muchos libros a la vez: novela social, relato urbano, novela de aprendizaje, thriller cuyo trasfondo político es la corrupción. La novela de Melba Escobar es ante todo una narración sobre la violencia que engendra la mentira en este país, en todos sus niveles. En la ilusión vive Karen, quien mientras ve desfilar a sus clientas en el universo del salón de belleza, se deja llevar por la tentación del dinero fácil y termina siendo escort girl, con la esperanza de poder traer a su hijo a la capital. Del engaño se alimentan el congresista Diazgranados y Eduardo Ramelli, su cómplice en el desfalco a la salud y en el crimen en el que se ve involucrado el hijo del político.

Pero la más grande mentira es, a todas luces, la que trasluce de una ciudad a la deriva, víctima de sus propios lujos. Desde las primeras páginas, la narradora muestra el tono que marcará el relato de principio a fin: “Pero así como odio este universo mafioso que desde hace más de 30 años predomina en la estética del país, en la lógica de los matones, de los políticos, de los empresarios y de casi todo el que tenga una mínima relación con el poder, odio también a las señoras bogotanas, entre las que me incluyo, pero de quienes lucho por diferenciarme. La violencia no se sitúa únicamente en el terreno de la fuerza física, sino que, ante todo, se detiene en la dureza del trato social.

Y aunque la muerte de la joven Sabrina Guzmán opera en el libro como el elemento que hace avanzar la acción, este acontecimiento es apenas un pretexto para contar sucesos acaso más trágicos. Alrededor de este crimen giran otros relatos que, como la historia de Karen, acaban estrechándose en un mismo nudo difícil de deshacer sin romperlo. El libro propone una mirada tras las bambalinas del poder contada por Claire Dalvard, psicoanalista que conoce a Karen en el salón de belleza y que se apasiona por la historia de la muchacha hasta el punto de escribirla.

Uno de los aspectos más interesantes de La Casa de la Belleza reside, tal vez, en su arquitectura narrativa. Claire Dalvard lleva los hilos del relato, pero en algunos momentos este se encuentra, a su vez, poblado por otras voces. De esta forma, la narración fluctúa entre varias conciencias, todas ellas femeninas, incluyendo la de Karen, en un intento por resolver el crimen. Pero, en esta historia, nada ni nadie podrá salvar a Karen: ni la mentira, ni mucho menos la verdad.

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