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Física sin dolor

Mauricio Sáenz reseña el libro de Jennifer Ouellette, Cuerpos negros y gatos cuánticos

2010/03/15

Por Mauricio Sáenz

Con una velocidad que asombra, los seres humanos nos hemos venido convirtiendo en esclavos de las necesidades artificiales creadas por la ciencia. Y del mismo modo, la inmensa mayoría de la gente no tiene la conciencia de que todos esos adelantos son el resultado del trabajo de alguien que desentrañó los secretos de la naturaleza. A veces en la oscuridad de alguna buhardilla miserable, otras en medio de la incredulidad de sus contemporáneos, e incluso luchando contra dogmas religiosos o éticos, esos genios olvidados sentaron las bases que hoy soportan el inmenso edificio de la ciencia y la tecnología del siglo XXI. La misma que promete desarrollos que desafían la imaginación.

Jennifer Ouellette es una escritora norteamericana que ha dedicado su carrera a la divulgación científica, que es el nombre formal de la difícil tarea de contarles a las gentes del común cómo funcionan las cosas. Y en su libro Cuerpos negros y gatos cuánticos intenta dar un golpe doble: acercar la física a la inmensa mayoría, y contar la historia de cómo y por quiénes fueron hechos los descubrimientos sin los cuales el mundo de hoy no sería el mismo.

El libro es el resultado de los primeros cinco años de trabajo de Ouellette como editora asociada de APS News, el órgano mensual de la American Physics Society (Sociedad Norteamericana de Física), y proviene directamente de su columna “Este mes en la historia de la física”. Por eso sus treinta y ocho capítulos, a pesar de estar organizados en forma cronológica, dan la impresión de ser artículos independientes.

Su recorrido por la historia de la ciencia en general, y de la física en particular, comienza en 1509 con la publicación de De Divina Proportione, del primer científico moderno, Leonardo Da Vinci. Y transcurre a través de los personajes y sus descubrimientos más significativos, en un desfile de luminarias como Galileo, Newton, Franklin, Morse, Tesla, Edison, Einstein y Planck hasta llegar en 2003 al programa de la serie televisiva Nova sobre la teoría de las cuerdas. Para hacer el asunto aún más casual, en el texto aparecen desde el origen del universo hasta la invención de la fotocopiadora.

La autora intenta acercar la física a la gente mediante permanentes referencias a la cultura popular norteamericana. Así, para explicar la teoría especial de la relatividad se apoya en la película Volver al futuro; La familia Adams sirve para entender los principios de la aceleración; la película de culto de ciencia ficción El hombre con ojos de rayos X ayuda a familiarizar al lector con el trabajo de Wilhelm Röntgen; y Viaje a las estrellas, con todo y el capitán Kirk, a reforzar la teoría del Big Bang como origen del Universo. Como la nave Enterprise se movía por la fuerza latente en la antimateria, y esta es una de las demostraciones de la teoría del Big Bang, la metáfora funciona. Otras, sin embargo, no resultan tan afortunadas, como cuando intenta equiparar al descubrimiento del electromagnetismo con el héroe de cómic, Magneto.

Y algunas de las explicaciones, a fuerza de tratar de ser comprensibles, resultan imprecisas. El capítulo de la entropía, por ejemplo, se apoya en una comparación no muy afortunada con la bicicleta. En esta, dice la autora, se requiere una fuerza adicional para superar la fricción y mantener el impulso hacia adelante. Y dice que ese fenómeno es conocido entre los físicos como entropía. Así es muy fácil creer que fricción y entropía son la misma cosa cuando, según los expertos, la primera es una fuerza presente en todas las máquinas no ideales mientras la segunda es la tendencia de todo sistema cerrado a desordenarse.

A pesar de esos defectos, en su conjunto el libro de Ouellette resulta sumamente interesante y fácil de leer. En el balance, sirve con creces para romper el terror que los temas científicos suelen producir en los lectores no iniciados. Así a los especializados les parezca que su precisión conceptual, en ocasiones, deje algo que desear.

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