Flores bajo la alfombra

Javier Murillo reseña Los putos castos de Gonzalo García Valdivieso.

2011/03/30

Por Javier H. Murillo

Hay tantas motivaciones para escribir como escritores, pero tener algo que decir no parece la más frecuente. Las novedades bibliográficas nacionales son escasas y están demasiado cargadas de fárragos entre los que hay que buscar con paciencia para dar con un ejemplar, con una voz que avive el seso y nos recuerde que, bueno, vale la pena dejar de ver televisión.

 

Sin embargo, de vez en cuando aparece en el mercado algo parecido a Los putos castos, un libro extraño: personal y arriesgado. No se trata de una novela ni de un ensayo; premeditadamente, prescinde de la literatura —a pesar de que el primer capítulo del libro sea un ejemplo de la mejor literatura—, escoge el testimonio y se mueve con gracia entre el chisme (el chisme de muchos quilates) y la antropología.

 

Los putos castos son los homosexuales vergonzantes, los que meten mano a la entrepierna de un niño bajo la mesa sin cambiar la expresión del rostro, y con la otra brindan mientras sonríen discretamente al padre, o los que se van de putos el jueves en la noche para despertar muy frescos el viernes a dar declaraciones públicas acerca de la moral y el decoro debido en una sociedad en crisis.

 

Gonzalo García Valdivieso nació en Bucaramanga, y es homosexual declarado en una sociedad que no solamente acostumbra cubrir sus vergüenzas con el pudor bien ajustado al cuello, sino que convive en silencio con el crimen como si fuera inevitable. Vivió en Bogotá desde niño, y aprendió rápido entre quienes frecuentaban su casa —ministros, curas, empresarios, industriales…, la flor de la aristocracia local— que tenía piel, pero también familia; que el cuerpo era para mostrar y las palabras, para esconder. Pero él no pactó, y decidió pararse enfrente a sí mismo para decir sin eufemismos lo que fuera necesario.

 

También es antropólogo, y tal parece que su interés principal es comprender la manera en la que funciona este país; entre sus investigaciones están Clase dirigente nacional, Oligarquía financiera colombiana y Factores de discriminación y violencia en contra de la comunidad gay colombiana. Durante años escribió, además, una columna en El Tiempo acerca, precisamente, del asunto gay en Colombia. Editorial Ícono las recogió y las publicó en el 2006.

 

Está claro que para él escribir es ir directo a lo importante. Dar cuenta de lo que vio, de lo que vivió, pero, sobre todo, tomar distancia para entender qué pasó.

 

Para comprender la dimensión de lo que García Valdivieso hace, tomen ustedes a Fernando Vallejo. Quítenle la cobertura paisa y la posibilidad de esconderse detrás de un personaje. Desprovéanlo y háganlo hablar de sí mismo: el santandereano escribe para mostrarse, no para ocultarse, por lo que el propósito de Los putos castos es hacerse a sí mismo objeto y sujeto al mismo tiempo del análisis de sus experiencias como homosexual durante la feliz mitad de siglo XX en Colombia. Además, mostrar la basura que se esconde bajo las alfombras más costosas de la sociedad bogotana.

 

Los putos castos es, pues, muchas cosas. El testimonio del hijo gay de una familia burguesa, muy conservadora y machista, que dio la pelea y antepuso la conciencia y la verdad. También, una memoria sexual que para muchos debía permanecer oculta, y la radiografía de un país que seguramente sería mejor y más feliz si fuera capaz de mirarse al espejo.

 

Respecto a la edición, —BananaRosa—, algo kitsch, pareciera autoedición. La fuente, muy poco afortunada en realidad; una portada no sé, ¿retro-cómic, con efecto de “raspe y gane” a la altura del bajo vientre? Y ocho hojas de fotografías sin mayor atractivo, salvo en los textos que las acompañan, no es lo más logrado del libro. La edición le da, sin embargo, un toque casero que lo hace divertido. Y más vale divertirse porque la historia es poderosa, el lector va por ella vacilando entre la gracia y la atrocidad.

 

Los putos castos

Gonzalo García Valdivieso

Ed. BananaRosa, 2010

258 páginas. $30.000

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.