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'Fragmentos' de Marilyn Monroe

Portada y datos de 'Fragmentos'.

Crítica libros

Demasiado bella para ser feliz

Por: César Mackenzie

Publicado el: 2012-10-30

Resulta que la chica huérfana que se cambió de nombre, que tenía horror a que le vieran las manos (por parecerle demasiado gruesas), que a los diecisiete años apareció por primera vez en la revista de una empresa de municiones, que era impuntual y tímida, que antes de rodar películas trabajaba como inspectora de paracaídas y luego como impulsadora en los casinos de Las Vegas, que luego sedujo a Broadway con su pelo tinturado, que se divorció tres veces, que fue internada en un psiquiátrico, que animó el penúltimo cumpleaños del presidente Kennedy, dejó olvidados en algunas cajas papeles escritos con su afanosa letra, páginas breves en cuadernos inacabados. Su muerte dejó estos papeles en el olvido hasta que dos editores decidieron publicarlos.

Ordenado cronológicamente, Fragmentos es una autobiografía. Reúne textos y míticas fotografías a partir de 1943 hasta 1962, que van desde notas personales, intentos de poemas de tono interior y disgregado, anotaciones en cuadernos o en papel del Waldorf-Astoria o del Parkside House o en agendas, notas de cocina, entrevistas y cartas a sus amigos más íntimos o a sus psicoanalistas. Es una selección que destaca ese lado literario de la Monroe, ligado a sus inclinaciones por la lectura y la escritura breve. Y lo mejor, están antecedidos por “El polvo en las alas de la mariposa”, un ensayo literario del tristemente fallecido Antonio Tabucchi en el cual indaga por el misterio de esa belleza melancólica.

Los papeles de Marilyn pertenecían a Anna Strasberg, viuda de Lee Strasberg, director y dramaturgo del Actor’s Studio, maestro, amigo íntimo y heredero de diversas pertenencias de la Monroe. Fue la viuda, que en 1999 entregó a Christie’s los objetos personales que la Monroe legó a Lee con el deseo de que fueran repartidos entre sus amigos y cuya subasta recogió más de doce millones de dólares, quien se dio a la tarea de publicarlos. Los editores del libro (Bernard Comment y Stanley Butchal) destacan en el prólogo que la Monroe llevaba una doble vida: la de sex-symbol y la de chica preocupada por su formación intelectual. Pero no es en ningún momento una ironía o una burla. La enemistad de ciertos periodistas le granjeó a la Monroe su fama de niña ligera, encerrada para siempre en la caja fuerte de su inocencia libidinosa. Pero Marilyn no estaba satisfecha con los papeles que le daban importancia a su belleza y este libro de fragmentos nos habla de su lucha con la mirada prejuiciosa de los otros.

Esta edición reproduce facsimilarmente los papeles originales. Se ven entonces las velocidades de la letra de Marilyn, el desorden de sus anotaciones, su trazo desenfadado. Desde los tempranos diecisiete años la Monroe recurrió a la escritura como una forma de inventarse una vida propia. Fue narrándose, algunas veces en largas cartas y otras solo en breves palabras. En el escueto texto de 1943 escribe: “Mostrar que es mi ser femenino quien exige satisfacción”. Su escritura autobiográfica busca encontrar a una mujer real, hecha con palabras robadas a la materialidad del mundo. Sin embargo, por momentos ella se ve a sí misma como una desencantada de la vida, tonta, intrascendente. El mundo (y ella misma) empezaba a juzgarla cada vez más severamente. Por ello en sus textos se percibe la angustia de una escritura que se gesta entre la garganta y el silencio de la mano que escribe.

En las páginas de Fragmentos asistimos al complejo proceso de autoaceptación que vivió Marilyn Monroe. Momentos íntimos de la vida breve de una mujer que fue demasiado bella para ser feliz.