RevistaArcadia.com

¡Golpe de currulao!

Juan Carlos Garay reseña Músicas y prácticas sonoras en el Pacífico afrocolombiano.

2010/10/13

Por Juan Carlos Garay

No hace mucho terminó el XIV Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez con un balance abrumador: la plaza de toros de Cali no dio abasto y algunos respetados columnistas salieron a sugerir que el evento requería una logística más cercana a Rock al Parque que a un festival folclórico del común. Esta es una realidad que ilustra el tremendo auge que están teniendo el currulao y las demás formas de la música del litoral Pacífico entre las nuevas generaciones. La llamada “costa olvidada” o “costa invisible” (frente al desarrollo de la costa Caribe) ya no parece serlo tanto. Y este libro viene a reforzar ese auge con investigaciones acuciosas y testimonios de quienes se han adentrado en su cultura.

 

Son en total nueve autores, provenientes de distintas disciplinas, cada uno al frente de un capítulo: hay musicólogos, etnólogos y antropólogos que ofrecen miradas desde la historia, la mitología, el contexto social y geográfico, el análisis de los instrumentos musicales (la marimba es tan fascinante como compleja) y la inspiración poética de sus cantos. La variedad de miradas es el punto fuerte de este volumen.

 

La obra se divide en tres partes, acordes con la geografía: Pacífico Norte, Valles interandinos y Pacífico Sur. La reciente nominación de Cali como “la capital del Pacífico” y la celebración anual del Festival Petronio Álvarez convierten a la ciudad en punto de llegada y concentración de todas estas prácticas. Pero, como señala el experto en estudios culturales Oscar Hernández, implica también una nueva contextualización de la música, lejos de los entornos naturales en los que floreció.

 

Para entender el surgimiento de esta música dentro de un paisaje sonoro, el texto de Michael Birenbaum aporta imágenes muy ricas. Al analizar los cantos de boga, por ejemplo, los compagina con el sonido de las corrientes fluviales e ilustra cómo la superficie del agua ofrece una resonancia útil para las voces agudas de las cantadoras. En otro apartado explica por qué la madera de chonta, utilizada para hacer las tablitas de la marimba, necesita cortarse en luna menguante. Son manifestaciones de una relación milenaria que tienen los músicos con la naturaleza. Pero además observa sus significados metafísicos: “Sus ríos, selvas, manglares y caseríos … también colindan con el reino de los santos y los espíritus … una realidad que alternativamente consuela y asusta”.

 

En ese contexto de sabiduría milenaria penetran la religión y la poesía española. El capítulo de Alejandro Tobón halla nexos entre los romances medievales y los alabaos chocoanos. Tobón sugiere que ocurrió un sincretismo (similar, si se quiere, a la santería cubana) en donde las enseñanzas de los misioneros franciscanos fueron acogidas sólo en la superficie. Al narrar un oficio de difuntos en Bojayá, observa: “Aunque en el vestido exterior apareciera el color cristiano, el ropaje del espíritu develaba otros colores”. La música se va transformando con los tiempos y, a modo de ilustración, Paola Navia menciona el currulao “Los hidroaviones”: claramente, la temática es más moderna que el género.

 

Todas estas investigaciones nos ofrecen una perspectiva mucho más profunda de lo que se pueda captar en un fin de semana de conciertos. ¿El Festival Petronio Álvarez? Es magnífico, y se ha convertido con buenos motivos en el encuentro musical afro más importante de Colombia. Pero detrás hay toda una cosmovisión, y ahí es donde este libro señala el horizonte para una mayor apreciación del repertorio. 

 

Músicas y prácticas sonoras en el Pacífico afrocolombiano

Juan Sebastián Ochoa, Carolina Santamaría, Manuel Sevilla (editores)

Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2010

354 páginas $45.000

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.