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‘Gomorrea’

Nicolás Mendoza reseña la película italiana Gomorra, dirigida por Mateo Garrone

2010/03/15

Por Nicolás Mendoza

Dos hombres van por una carretera italiana en una lujosa camioneta negra. El mayor, que es quien conduce, detiene la camioneta y le ordena al otro que tire al césped una canasta llena de melocotones frescos que una anciana senil les acaba de regalar. “¿No te das cuenta de lo mal que huelen?”, le dice al joven, que los tira un poco incrédulo. Como el cine no tiene olores (aunque muchas veces la fuerza de las imágenes nos hace sentirlos), nos queda la duda sobre los melocotones. ¿Qué es lo que está podrido? ¿La nariz del mafioso cuyo tráfico consiste en enterrar los desechos tóxicos de las multinacionales, o los melocotones que le regalaron y que crecen en las tierras que él mismo está envenenando?

Gomorra es la película más premiada de la temporada en Europa. Está basada en el primer libro de Roberto Saviano, un joven escritor napolitano que se atrevió a narrar con nombres propios la realidad de la legendaria organización criminal conocida como la Camorra (de ahí el título Gomorra). La película nos enseña que, para describir a la Camorra, la palabra organización tal vez es demasiado generosa; la Camorra más que una organización es una situación. La Camorra falsifica lujosos vestidos de alta costura, maneja desechos tóxicos, trafica con drogas y mujeres, la Camorra es como un largo vademécum de todo lo ilegal. La Camorra es la vida entera de miles de personas en Nápoles y ciudades aledañas. Es una situación social en la cual viven y mueren por violencia o por pobreza comunidades enteras desde hace generaciones.

El director Mateo Garrone describe a la Camorra napolitana como un “ecosistema” criminal haciendo de esta película más un documental que un drama humano. Esta mirada desapasionada de Garrone la hace todavía más aterradora. Grabada en las locaciones reales, con actores “naturales”, con cámara en mano, sin música incidental (hay música ambiental), y con el ritmo desinteresado de un documental, la película se dedica a mostrarnos cómo se vive en la Camorra, y nada más. “Solo quisimos darle a la audiencia la sensación de vivir en ese mundo por dos horas”, dice Garrone. Difícilmente se puede hablar de historias o personajes. La palabra ‘situación’ viene de nuevo a ser la más adecuada, vemos situaciones, y mediante una serie de ellas podemos entender un poco lo que es la Camorra, o más específicamente la parte baja de la Camorra porque ni siquiera los habitantes de la película saben quiénes son los verdaderos jefes. Gomorra está llena de cuadros como el de los melocotones, momentos de gran simplicidad que pueden pasar desapercibidos, pero que encierran con contundencia situaciones mucho más complejas.

Garrone cita en una entrevista la película Paisà (Roberto Rossellini. 1946), como su principal referente cinematográfico, pero la película que salta a la mente viendo Gomorra es La vendedora de rosas (Víctor Gaviria, 1998). Gaviria y Garrone beben del neorrealismo italiano, pero es la mezcla de ese neorrealismo con dos realidades igualmente aberrantes (la Comuna y la Camorra) lo que las hace especiales. Esencialmente, es la misma propuesta, la misma cámara entrometida, los mismos niños criminales, los mismos niños muertos. Cuando Marco y Ciro, dos adolescentes obsesionados con las hazañas de Tony Montana, deciden asaltar un billar, casi que extrañamos no oírlos gritando “¡Al suelo o te querés morir, gooonorrea!”.

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