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Guerra a la carta

Juan Camilo González reseña La bestia desatada, el libro de Guillermo Cardona

2010/03/15

Por Juan Camilo González

Muere Pablo Escobar. En torno a su cadáver, aún hinchado de plomo, babean de ira los lobos de la mafia; se muestran los dientes y se pelean los primeros bocados antes de la descomposición del botín. Sobre las tejas yace el Patrón, la bestia más obscena de una época; y con él, ya debajo de nuestro mundo, se desata una debacle cuyo oráculo es el vicio de la sangre.

Ese es el escenario de La bestia desatada. Guillermo Cardona, su autor, se ocupa del destino de cuatro amigos del colegio, que en su origen caen en las redes románticas de la revolución estudiantil, pero que en su final encierran la barbarie misma de la guerra sucia en Colombia. Es un libro fuerte. Con relatos en cuartos de tortura, mefíticas escenas de sodomía y una arquitectura de traición sobre traición, se arma una trama que escarba la violencia del país.

El escritor diseña una narración en segunda persona, buscando un efecto de confidencia que le permite sumergirse en la psicología de los personajes, y que, asimismo, pareciera estar por encima de los acontecimientos. Algunas veces a la manera de una carta escrita muchos años después de una gran tragedia, cuando parte del dolor se ha decantado y es posible identificar sus causas, sin juicio alguno, y cuyos destinatarios, pienso, son sus mismos muertos; y otras, mediando la voz de los personajes que, transformados por la codicia, han hecho de la guerra una rentable máquina de destrucción en la que los motivos ideológicos, si alguna vez los hubo, se perdieron en el tiempo.

Tal mecanismo narrativo fue sin duda una buena elección, pues es un libro distinto a las otras tentativas que han explorado el tema, y que de alguna manera lo han sentenciado –excluyendo casos de razonable ejecución como Cobro de sangre, de Mario Mendoza–; y es que en la lista abundan los verdugos, desde los castros caicedos, los no nacimos pa’semillas, hasta las confesiones secretas de hampones convertidas en estridentes reporterías con fines entre políticos y comerciales.

Escribir hoy una ficción sobre los laberintos del conflicto armado colombiano no deja de ser un riesgo literario. De hecho, los narradores más jóvenes ni voltean a ver el tema porque ya no están untados de ese barro: su mundología europea y cinematográfica los ha llevado a otras obsesiones, y hasta les parecerá de mal gusto. Por su parte, los poquísimos lectores colombianos estarán ya hartos de caer en una nueva estetización de las fuerzas siniestras de la guerra. La bestia desatada, aun y con los detestables peligros que enfrenta, es un libro valiente, escrito a pesar de sí mismo y con una muy decorosa factura.

Aunque creí, pasando por las primeras páginas, que me enfrentaría con suplicio a otro guión falsamente novelado, no hubo tal. El libro de Cardona pertenece a la literatura y no a híbridos sospechosos. Admiré especialmente su capacidad para sumergirse en esa palabrería revoltosa de los John Lenins, al principio insulsa e inconsistente, pero a la postre sombría y visiblemente peligrosa.

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