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Hacia el nuevo Bajofondo

Juan Carlos Garay reseña el último disco de Bajofondo, Mar dulce

2010/03/15

Por Juan Carlos Garay

La leyenda cuenta que un día el compositor Gustavo Santaolalla estaba oyendo un disco de Portishead, cuando de repente ese sonido le trajo una certeza: entre los compases electrónicos cabía perfectamente la melancolía del tango. Así decidió buscar un sonido que entremezclara pasado y futuro. Se encerró a trabajar al lado de Juan Campodónico y de ahí salió Bajo Fondo Tango Club, el disco que en 2002 rompió varios estándares de la música argentina y al año siguiente se llevó el prestigioso Premio Gardel en la categoría “dance/electrónica”.

Lo curioso es que, un par de meses antes de que apareciera Bajo Fondo Tango Club, llegó a manos de Santaolalla un disco de sonoridad similar, grabado en Francia. Se llamaba Gotan Project y era, igualmente, un acercamiento al tango desde la estética de las máquinas. “Quedamos perplejos”, le diría luego a la prensa, “porque ni ellos sabían de nosotros ni nosotros de ellos. Entonces nos dimos cuenta de que esto era algo más que un grupo: era una movida”.

Hoy es más común oír hablar de “tango electrónico” que hace cinco años. Tenemos la certeza de que es un movimiento sólido, con unos exponentes mejores que otros, con defensores y con atacantes como sucede en todas las vanguardias: Daniel Almada, líder del grupo Tango Crash, dice que “era necesario perderle un poco el respeto al tango de una manera positiva”, mientras que el veterano cantor Juan Cedrón lo acusa de ser “un género de plástico que bastardea la esencia del estilo”.

Pero, aparte de la polémica, quienes seguíamos la breve trayectoria de los grupos pioneros andábamos ya preocupados porque no aparecía el esperado segundo disco. Mucho remix, mucha etiqueta de “Bajofondo presenta” para lanzar algún nuevo artista, pero de segundo disco –que para muchos es la verdadera prueba– nada. Tampoco ayudaba saber que la influencia primaria fue Portishead: el grupo de Bristol no ha anunciado formalmente su separación, pero lo cierto es que lleva diez años sin sacar material nuevo. Y los rumores iban y venían sin concretarse hasta que, por fin, apareció lo que queríamos. Un nuevo álbum, de carátula igual pero distinta, de música igual pero distinta.

Se llama Mar dulce, que es la expresión que usó el conquistador Juan Díaz de Solís para referirse al Río de la Plata. La esencia sigue, pero algunas cosas han cambiado. Empezando por el nombre de la banda, que se redujo a Bajofondo para no incluir alusiones directas al tango. En términos generales, este nuevo material parece acercarse más al rock, ofrece una mayor variedad de voces y ya no tiene al bandoneón como instrumento central. Quien haya gustado del primer disco por las referencias a Astor Piazzolla y los sampleos con la voz de Roberto Goyeneche (sí, ese era Goyeneche cantando que se arrastraba “hacia el hondo bajofondo”) será quien encuentre más fuertes los contrastes.

No obstante, son los cambios y no la repetición los que aseguran una evolución del género. En Mar dulce el proyecto se siente más sólido como grupo y es un gusto escuchar las voces de esos tremendos invitados que son Gustavo Cerati y Elvis Costello. “Teníamos unas deudas del primer disco, en que no exploramos tanto el género canción”, me explicó en una reciente entrevista Juan Campodónico. Hacia el final del disco aparece la voz del fallecido cantautor Alfredo Zitarrosa diciendo que “la milonga es hija del candombe, así como el tango es hijo de la milonga”. Le pregunté a Campodónico si a eso le podíamos agregar que el tango electrónico es el nuevo vástago en esa genealogía. “Pienso que decir tango electrónico es poco amplio para nuestra intención”, contestó. “Hay otras influencias como el rock”.

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