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Harry el Sucio

Nicolás Mendoza reseña Harry Potter y la orden del Fénix

2010/03/15

Por Nicolás Mendoza

La fuerza de La orden del Fénix está en el desarrollo serio que tienen los personajes. Con el pasar de los minutos la película nos deja ver quiénes son realmente, nos importa lo que les pasa, y sin darnos cuenta nos sumergimos sin tanque de oxígeno en un mundo mágico que en un comienzo inspiraba escepticismo.

En la película más oscura y psicológica de la saga hasta el momento, se desarrolla un capítulo de transición que profundiza en la compleja relación que Harry Potter tiene con Lord Voldemort y se establecen las preguntas fundamentales para el desenlace en las dos películas que faltan. Si algún personaje gana en profundidad en este episodio es precisamente Harry, a quien vemos convertirse en líder de la resistencia estudiantil y simultáneamente titubear nervioso en los instantes previos a su primer beso. Sin embargo, estas transformaciones parecen poca cosa al lado de la lucha interna que vive al descubrir y comprender gradualmente su lado maligno. En un proceso digno de verse por su solidez cinematográfica, el maguito amanerado de las cuatro películas anteriores muta a golpes. Pasa al ataque. Ahora inspira respeto.

La orden del Fénix es generosa en detalles encantadores: los hermanos Weasley convertidos en empresarios con sabor hippie, las criaturas invisibles a las que Luna Lovegood atribuye todo lo que pasa, los recuerdos del profesor Snape, la arquitectura loosiana del Ministerio de Magia, las clases de defensa personal de Harry, el hermano de Hagrid, el Departamento de Misterios (que pareciera venir de un cuento de Borges), el “Daily Prophet”, Emma Thompson como la profesora Trelawney, Helena Bonham Carter como Bellatrix Lestrange, la pluma que hiere, Azkaban: la prisión triangular… la lista de buenos momentos sigue y sigue.

La actitud de prensa nacional ante La orden de Fénix me recuerda al “Daily Prophet” (el diario mago de la película), que se apresura a juzgar a Harry sin tener los argumentos claros. Julio Nieto Bernal, por ejemplo, dice que “la inversión para tener a los mejores actores británicos significa una apuesta desde el punto de vista económico, no tanto artístico”. Nieto se las arregló para vendernos que tener buenos actores es malo. Mauricio Laurens la descalifica por la edad de sus protagonistas. “Su planteamiento es irrelevante, se reduce a vivencias escolares para adolescentes, no para niños ni adultos”, bueno, pero y entonces, ¿qué son Hamlet o El guardián entre el centeno al fin y al cabo? Puede que Harry Potter no esté a la altura de Shakespeare, pero su temática adolescente no es argumento válido en contra (ni a favor). Cuando la “industria” del cine produce una película como esta de alguna manera paga sus deudas, nos devuelve la fe en el cine comercial que por lo general es tan malo. Esa fe que dice “vamos al cine a divertirnos”, y que se ve mancillada cuando en vez de darnos verdadera diversión nos dan bobadas.

Tal vez los críticos que menciono arriba ya perdieron la fe, o tal vez nunca la tuvieron. Con lo mejor de la actuación británica, una dirección impecable y una historia emocionante, La orden de Fénix supera en ciertos aspectos al libro, es la mejor de la serie.

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