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Homo Sapiens

Eduardo Arias reseña Homo Sapiens de Antonio Vélez Villegas Editores, 2006 440 página

2010/03/15

Por Eduardo Arias

La divulgación científica suele ser un apartado muy menor en la lista de prioridades de las editoriales. Por ese motivo resulta emocionante que Villegas Editores edite un libro (mamotreto, diría León de Greiff) del calibre de Homo Sapiens. No sólo en cantidad sino también en calidad.

Hace un par de años Villegas se había aventurado con otra obra de Vélez, Del Big Bang al Homo Sapiens, un excelente texto que explica de manera a la vez precisa y profunda la evolución de las especies y el estado en que se encuentran las teorías evolutivas en la actualidad. En esta nueva aventura del conocimiento y la divulgación, Vélez le gasta casi setecientas páginas a un tema tan apasionante como tabú: explicar el comportamiento humano desde la perspectiva de la evolución. Es decir, desde que comenzó a alejarse de los primates hace unos cuatro millones de años y desde una óptica no habitual, que se restringe a la etapa cultural del hombre, que es muchísimo más breve.

El libro es muy complejo y completo. Está cargado de detalles. Pero su premisa básica es muy simple: la evolución avanza mucho más despacio que la cultura.

Los hombres del siglo XXI, unos seis mil millones, armados con un arsenal de misiles, doctrinas morales, conocimientos artísticos y científicos, habitantes en su gran mayoría de ciudades, funcionan con un genoma que es prácticamente el mismo que les sirvió a unos pocos miles de homínidos para sobrevivir de los embates de un ambiente hostil en las sabanas de África oriental. Un entramado de neuronas muchísimo más complejo de lo que se creía hasta hace poco, un complejísimo sistema neuronal en el que muchas veces una cosa es la que se siente y otra la que se piensa. Un hombre que navega siempre en dos aguas: la de los instintos y la de la razón.

Vélez escribe bien. No es dogmático pero tampoco cae en las concesiones de quienes quieren quedar bien con todos. Sabe que muchas de sus afirmaciones ofenderán a psicoanalistas, clérigos y moralistas. Es firme en sus afirmaciones y exhorta a que la conducta humana se estudie a partir de su legado evolutivo y no únicamente desde el ideal fantasioso de un hombre que “es bueno por naturaleza” y al que la sociedad corrompe.

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