Portada de 'Sam no es mi tío. Veinticuatro crónicas migrantes y un sueño americano' de Diego Fonseca y Aileen El-Kadi.

A horcajadas entre dos mundos

Francisco Miranda reseña 'Sam no es mi tío. Veinticuatro crónicas migrantes y un sueño americano'.

2012/07/19

Por Francisco Miranda.

La migración masiva como fenómeno social, antropológico, cultural y hasta político ha acompañado a la humanidad desde los tiempos más antiguos. Migrantes fueron los primeros habitantes del continente americano así como los conquistadores y colonizadores españoles. Europeos y asiáticos escaparon de las hambrunas y la pobreza al cruzar ambos océanos durante el siglo XIX. Las ciudades occidentales no se ganaban el título de “urbes” sin uno o varios barrios “étnicos” o “colectividades” extranjeras.

Pero la reciente globalización ha traído un tipo diferente de migración. Montarse en un barco en Europa y desembarcar en América ya no significa dejar atrás “el viejo país”. Además de la religión, las costumbres y el idioma, los inmigrantes contemporáneos pueden hoy en día disfrutar de sus alimentos básicos, comunicarse permanentemente con sus familias, escuchar la música y ver sus programas de televisión. No obstante, hay algo que ni Internet ni los restaurantes típicos ni las telenovelas en español pueden borrar de los migrantes latinoamericanos en Estados Unidos: la contradicción de ser algo, la identidad, y vivir otra cosa, la inmigración.

Esa contradicción es solo una de las muchas en las que se basa el proyecto de Diego Fonseca y Aileen El-Kadi. “El primer objetivo de estas crónicas es reafirmar esas contradicciones”, escriben los editores. Sam no es mi tío es el compendio de veinticuatro relatos de autores latinoamericanos que escriben sobre lo que representa Estados Unidos. En el prefacio, Fonseca y El-Kadi expresan la clave para leer el resto del libro que por básica y evidente no deja de ser contundente: “Todos hemos sido tocados directa o indirectamente por los Estados Unidos. Desde dentro o desde afuera. No hay modo de escapar a ese imaginario”.

Por esa razón muchos de los escenarios, las angustias, las violencias y hasta los sentimientos de los protagonistas de las historias son al mismo tiempo ajenos y muy familiares. La desazón del desconocido que recoge el peruano Daniel Alarcón en “East Oakland”; la rabia de la negación de la visa que retrata Santiago Roncagliolo; la reflexión sobre las fronteras y sus separaciones del mexicano Jorge Volpi; el silenciamiento de una cantante de tangos que recorre el texto de la argentina Gabriela Esquivada y el descubrimiento de Claudia Piñeiro sobre los límites del condado Miami-Dade.

Acertaron los editores en la selección de una veintena de relatos que muestran que la reflexión sobre las Américas es tanto permanente como penetrante. Los puntos de contacto y los espacios donde lo anglo y lo latino son variados, cotidianos y superan los choques culturales. Sam no es mi tío transcurre en consulados, baños en Florida, calles californianas, una quesería gourmet del Village neoyorquino, una estación de servicio en Miami, una oficina de estrategia política en Washington, el centro de Brooklyn y una fábrica en Fresno. Tan diverso como los Estados Unidos de hoy y también como la América Latina.

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