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¿Hubo revolución?

Francisco Escobar reseña la película del director rumano Corneliu Porumboiu, Bucarest 12:08

2010/03/15

Por Francisco Escobar

El 22 de diciembre de 1989, los habitantes de Bucarest observaban con atención la borrosa imagen de un helicóptero perderse en el cielo. En la nave iba el dictador Nicolae Ceausescu, quien se había aferrado al poder desde 1965, había instaurado su régimen represivo en toda Rumania y huía de la furia del pueblo que pedía su cabeza. El ruido de las hélices se desvanecía y la gente comenzaba a sentir que había llegado el sonido de la libertad. Tres días más tarde el político en fuga y su esposa fueron fusilados.

Mientras la muchedumbre se sublevaba en Bucarest, en Vaslui (una población de menos de 100.000 habitantes, ubicada al oriente de Rumania) el joven de 14 años Corneliu Porumboiu jugaba ping-pong con un amigo. Sus padres, quienes veían a los marchantes por la tele, le explicaban la importancia de lo que pasaba. El chico escuchaba y aunque no dejaba de pegarle a la pelotita blanca, entendía que esa era una fecha crucial para su país.

Y lo entendió tan bien que 17 años más tarde llevaría al cine sus propios recuerdos sobre aquel 22 de diciembre. Eso es lo que se ve en su ópera prima, Bucarest 12:08, que ganó la Cámara de Oro en el pasado Festival de Cannes y causó grata impresión entre los críticos estadounidenses. Los elogios no son gratuitos, el realizador logra contar una historia que en su país ha sido relatada hasta el hartazgo de una manera sencilla, simpática, novedosa y entrañable.

Porumboiu, quien elaboró este guión para sacarse de la cabeza otro relato que aún no termina de escribir, se escapa de las fórmulas de las obras de tinte político; aquí no se verá el auge, el desastre y la caída de Ceausescu, tampoco a la masa enardecida gritando en las calles; no hay complot, no hay puñetazos o protagonistas misteriosos. No. Lo que hay es una película narrada en tono de comedia que ofrece otra mirada sobre el mítico 22 de diciembre. Lo que hay son tres personajes sencillos (un anciano muy conocido por vestirse de Santa Claus en las navidades, un presentador de televisión que es en realidad ingeniero textil y un profesor alcohólico con muchas deudas que pagar) que terminan reuniéndose en un programa de tv para hablar del día en que cambió Rumania el día en que se cumplen 16 años de la caída del dictador.

Y ahí, en medio de la humilde escenografía (de fondo se ve una gran foto en blanco y negro de la plaza principal del pueblo donde viven), tendrán que tratar de resolver si ese mismo día, en su pequeña ciudad, en realidad hubo una revolución como la que se vivió en Bucarest. ¿La hubo?

La charla entre entrevistados y entrevistador, enriquecida por los comentarios de los televidentes que llaman para participar en el tema del día (ratifican o desmienten lo que han dicho los invitados), resulta hilarante y reveladora; y pasan los minutos y de repente descubrimos que Porumboiu ha hecho cine con un formato de televisión, con las herramientas y elementos más básicos (los que podría tener un canal de barrio): una cámara, tres personajes y un fresco texto. Le basta eso para capturar la atención del espectador y para lograr momentos irrepetibles, como la llamada de una señora que no quiere hablar sobre el tema del día, ella le dice al presentador: “Solo llamo para decirle que está nevando. Disfrútelo hoy porque mañana será lodo”.

La película de este joven director de 33 años, que él mismo se encargó de producir (consiguió dinero hasta de una compañía de lácteos, el patrocinio se ve al inicio de la cinta), es la primera de las pequeñas grandes obras de la Nueva Ola rumana que llega a las pantallas colombianas.

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