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La apelación

Catalina Holguín Jaramillo reseña La apelación de John Grisham

2010/07/13

Por Catalina Holguín Jaramillo

Desde el último piso de un rascacielos de vidrios metalizados que domina el panorama neoyorquino, el dueño de un poderoso conglomerado reprende a abogados: ha perdido un juicio y deberá pagar 41 millones de dólares en daños y perjuicios a una viuda de un pueblo perdido en el corazón de Mississippi. Aunque le cueste una fortuna, él, Carl Trudeau, amo y señor de la Gran Manzana, se encargará de que el poder se imponga sobre la justicia. Mientras tanto, en un apaleado apartamento alquilado de un remoto pueblo sureño, Wes y Mary Payton celebran la victoria con un plato de macarrones instantáneos en compañía de su niñera hondureña y sus hijos pecosos. Por primera vez, prevalece la justicia. Esa noche dormirán tranquilos.

La apelación arranca con el veredicto de un juicio largo, difícil, en el que se acusa a Krane Chemical, empresa de Trudeau, de contaminar las aguas subterráneas del pueblo y de ser causante de la muerte de varios habitantes. Triunfa la justicia. Hasta que los abogados de zapatos lustrosos y pelo engominado que representan a la corporación apelan la decisión al tribunal supremo de Mississippi. Pero la novela no se trata de la apelación, que es otro juicio. En vez, Grisham se centra en las elecciones del tribunal supremo del estado que culminará, se supone, en la elección del juez cuyo voto determinará el futuro de la apelación y de paso, de los intereses del grupo económico Trudeau.

Grisham pinta un escenario donde la justicia, siempre tan precaria, depende esta vez de la democracia. Inspirado quizás en los resultados de la primera elección de George W. Bush, el autor se enfoca en las elecciones de un juez del tribunal supremo de Mississippi. Pero la democracia, como la justicia, también es frágil y también puede ser moldeada por los fuegos del poder y el dinero. En estas elecciones se enfrentan Sheila McCarthy, una jueza de tendencia liberal, juiciosa y justa, patrocinada por un grupo de abogados litigantes guiados por sólidos valores cristianos (pero, no por eso, fanáticos evangélicos) y Ron Fisk, un joven abogado, apuesto y con tendencias neoconservadoras, respaldado por la corporación de Trudeau. La ecuación en la novela es clarísima: corporaciones = neoconservatismo = fanatismo religioso. Del otro lado de la ecuación, sin dinero ni palancas, están todos aquellos que defienden los derechos civiles y que aún creen en una América Justa y Democrática.

No es de extrañarse que este libro se convierta en película (ya hay nueve adaptaciones fílmicas de las novelas de Grisham, abogado convertido en celebridad literaria). Quizá la película no sea muy distinta al corto publicitario que ya se hizo. La sucesión de capítulos de la novela, así como los personajes, obedecen la lógica y la estética de Hollywood. No será difícil adaptarla al cine.

Todo el suspenso entonces se ve reducido a un resultado electoral: si gana McCarthy, se da por sentado que en la apelación la maléfica corporación perderá; si gana Fisk, puede ser que los intereses de Trudeau prevalezcan o que el juez recién elegido despierte de su estupor juvenil y haga brillar la justicia. Quien no pueda aguantarse a ver la película, puede adelantarse y leer la novela, ¡todo un blockbuster navideño!

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