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La banda sonora de la paz

Crítica música

Por: José Alejandro Cepeda

Publicado el: 2012-12-03

En la segunda mitad del siglo XV sucedió una tragedia que levantó hasta hoy un muro invisible entre Oriente y Occidente: la “desaparición” simultánea de la España judía, Sefarad, y la España árabe, Al Ándalus, tras la expulsión de la Península Ibérica de judíos y moriscos no convertidos. Entre las muchas y trágicas consecuencias de la desaparición de ese espacio de convivencia entre las culturas judía, musulmana y cristiana, hubo una que afectó directamente la historia de la música, porque convirtió las armonías no polifónicas en sonidos extranjeros y sumió la música anterior a Bach o Vivaldi al silencio del olvido. ¿Es posible reparar ese daño espiritual en plena era de las guerras preventivas, del norte asustado y el sur desesperado?

Es difícil. Comulgar con una humanidad reconciliada más allá de la escuela del realismo político implica una empatía para la que difícilmente se nos prepara, educados más en el presentismo que en la historia. Pero existen artistas que lo intentan como el catalán Jordi Savall, quien desde la década de 1960, tras estudiar violonchelo en el Conservatorio de Barcelona, siguiendo a los maestros August Wenzinger y Nikolaus Harnoncourt se dio cuenta de que en el repertorio barroco, antiguo y renacentista yacía el diálogo que buscaba, lo que lo llevó no solo a cambiar el chelo por su antepasado la viola da gamba, sino a fundar los proyectos Hespèrion XX-XXI, La Capella Reial de Catalunya y Le Concert des Nations, con los que ha publicado más de ciento veinte discos, grabados muchos de ellos en entornos naturales tras exhaustivas investigaciones. Entre los más memorables está la magnífica banda sonora de la película francesa Tous les matins du monde de Alain Corneau (1991) que recreó a Marin Marais. De Savall, ya consagrado, se programó un recital el 21 de noviembre en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo de Bogotá junto al Tembembe Ensamble Continuo de México, dedicado a las “Folias antiguas y criollas del Viejo al Nuevo Mundo” –decisivas para descifrar Hispanoamérica– que pasan por Colombia, y a un homenaje a su esposa y compañera, la luminosa soprano Montserrat Figueras (1942-2011).

Coincide este concierto con la disponibilidad del catálogo ofrecido desde 1998 bajo su sello Alia Vox, que en formato libro/disco en cuidadas ediciones busca recrear la tarea sosegadora y sin fronteras del mito de Orfeo. Hay títulos en torno a geografías, Orient-Occident 1200-1700, Jerusalén en perspectiva ecuménica o Istanbul basado en el tanbur o laúd de mástil largo de Dimitrie Cantemir (1623-1723); personajes, Juana de Arco en Batailles & Prisons, Francisco Javier (1506-1552) y La ruta de Oriente o Don Quijote de la Mancha en una relectura musical de la novela de Cervantes; o compositores clásicos como Haydn en Las siete últimas palabras de Cristo en la Cruz con textos de Raimon Panikkar y José Saramago. Algunos son temáticos, Villancicos y danzas criollas (1550-1750) o las canciones de cuna Ninna Nanna (1502-2002) en voz de Figueras.

A este legado se unen esfuerzos desde la propia España como el del sello Pneuma del madrileño Eduardo Paniagua, oportunos cuando Colombia ve florecer la música antigua, que suma la herencia del clavecinista Rafael Puyana (quien impartió lecciones al joven Savall) a la generación liderada por Música Ficta. Un género que, proveniente de Europa, nos recuerda que quizá es la banda sonora de la paz de ese Premio Nobel que le acaban de conceder al maltrecho Viejo Continente.