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La caricia de una palabra que canta

Juan Felipe Robledo reseña el libro del poeta Darío Jaramillo Agudelo, Cuadernos de música

2010/03/15

Por Juan Felipe Robledo

La poesía de Darío Jaramillo Agudelo ha encontrado en este libro una veta que el lector sabrá agradecer por la elegancia y concentración de un verso melodioso, cargado de insinuaciones, de guiños, de audacias expresivas que jamás dejan de rendir homenajes a escritores y músicos amados, que pretenden ser de alguna manera una respuesta verbal a un mundo donde las palabras parecieran ser intrusas, al misterioso universo de la música, es el espacio donde el lector de este libro será regalado con creces.

El poeta lo dice de una manera tan clara, que cualquier comentario al respecto pareciera ser superfluo: “La música no es lo que digo. / Lo que digo soy yo invadido por la música. / Este aleteo de pájaros que puede oírse, / este tartamudeo de las fuerzas del centro de la tierra”. No pretenden estos poemas describir estado alguno, dar cuenta en una interpretación verbal de un estado anímico dado, sino que son la voz de una potencia que une la tierra y el cielo, el silencio y la verdad de la música cantando a su propio nacimiento, en un sitio que no tiene sitio, un tiempo que ha sido abolido del calendario de los hombres, y que la música de Johann Sebastian Bach, no el único músico pero sí el más presente a lo largo de la escritura de este libro, hace posible.

Los cuatro cuadernos que componen las secciones de Cuadernos de música , “Piezas para piano”, compuesto por dos partes separadas y complementarias, “Piezas para violonchelo” y “Some present moments of the future”, con sus dos versiones, se convierten en textos que responden a una visión de la realidad no necesariamente homogénea pero sí capaz de darnos pistas sobre los vasos comunicantes que animan la escritura del libro.

Si en la escritura de “Piezas para violonchelo”, es Bach la música que permite —como un potente y amoroso impulso— la existencia de estos poemas, en “Piezas para piano”, podemos intuir que Ludwig van Beethoven, Robert Schumann y Franz Schubert son los posibles parteros de estos versos. Como he dicho estos nombres, quizás podría convocar otros, pero la manera como estos poemas penetran en el ánimo del lector, su factura compositiva y una manera honda y persistente de vivir en la memoria después de haber terminado el libro, me permiten invocarlos como mantras que le dan su razón de ser a este hermoso y verdadero artefacto sonoro.

“Some present moments of the future”, la sección final del libro, es el ceñido diario de una historia de deseo y amor, donde la intensidad del sentimiento expectante que desea completar el encuentro, un encuentro donde amante y amado se transformen, marca de una forma continua la intensidad de la espera merced a una pulsación que se distingue por el compás de este impulso que desea ser saciado en la intimidad que solo el erotismo hace posible.

Estos versos han sido escritos por un eremita que no duda de la presencia de Dios sino de la forma en que los otros lo nombran, un asceta que ha conocido la disipación suprema, un agnóstico que sabe de las bendiciones de la gracia, un tímido y reconcentrado melómano, agradecido y —al mismo tiempo— olvidadizo gustador de los secretos recodos donde la alegría sin aspavientos es posible, un ser que habita en estas palabras, hogar de una verdad paradójica y sencilla.

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