RevistaArcadia.com

La doctrina del shock

Alejandro Gaviria reseña La doctrina del shock de Naomi Klein Paidós, 2008 712 páginas

2010/07/02

Por Alejandro Gaviria

Naomi Klein es una de las más elocuentes y vehementes opositoras de la globalización. Su primer libro No Logo vendió más de un millón de copias. Los argumentos del libro son cuestionables, exagerados en el mejor de los casos. Pero Klein no está en el negocio de las hipótesis refutables. Su especialidad son los eslóganes inflamantes. La retórica rabiosa.

En su nuevo libro La doctrina de choque, Klein arremete nuevamente contra el capitalismo global. Y en particular, contra los proponentes de las terapias de choque implantadas en la mayoría de las ex repúblicas soviéticas y en buena parte de los países latinoamericanos durante las décadas precedentes. Algunas de las críticas de Klein han sido previamente documentadas con precisión por varios economistas. Jeffrey Sachs, por ejemplo, ha descrito con ironía el ambiente intelectual que rodeó el diseño de los planes de transición hacia el capitalismo: ministros insomnes que, en compañía de asesores a sueldo, garabateaban en servilletas arrugadas sus grandes planes de ingeniería social.

Las terapias de choque y los planes de ajuste estructural han fracasado repetidamente. Pero Naomi Klein no está interesada en los resultados, en la crítica puntual. Ella quiere otra cosa: desentrañar la gran conspiración del capitalismo mundial, liderada por una banda de oportunistas, inspirados en Milton Friedman, el demonio encarnado. Klein argumenta, sin probarlo, que los promotores de la globalización han explotado las crisis económicas, los ataques terroristas y los desastres naturales para imponer un conjunto de reformas socialmente desastrosas y políticamente impopulares.

El poder retórico de Klein es incuestionable. Pero tiene límites. El libro no pretende convencer a los escépticos, quienes resentirán su falta de sutileza y sus evidentes exageraciones. Aspira, más bien, a movilizar a los fieles. Klein es una predicadora. Y su libro no es un documento para la reflexión. Es propaganda para la acción.

El libro, debo reconocerlo, me produjo cierto desasosiego. El mismo que siento cuando, al pasar por el antiguo coliseo cubierto (la iglesia más grande de Bogotá), oigo el murmullo lejano de los fieles que anuncian el fin del mundo, que protestan contra el dueño de sus miedos, contra el demonio señalado por el líder de la congregación. Yo no soy un admirador de Milton Friedman, pero su satanización, emprendida con tanta vehemencia y convencimiento, resulta exagerada, frenética, cómicamente religiosa.

Este contenido hace parte de la edición impresa. Para leerlo, debe iniciar sesión:

Revista Arcadia anuncia a sus lectores que nuestra versión impresa comenzará a pedirles que se registren en nuestra página web.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com