La labor del crítico

Francisco Barrios reseña "Gabriel García Márquez, Un triunfo sobre el olvido" de Ernesto Volkening.

2010/02/28

Por Francisco Barrios

Criticar es querer y comparar. Por eso me llama la atención que los autores suelan entender las críticas como juicios odiosos y absolutos. Si hubiera leído este libro antes de haber escrito otras reseñas, habría entendido que, después de criticar una obra, conviene añadir, por ejemplo, una nota final de cortesía para con el autor, como lo hace Ernesto Volkening en su magnífico ensayo sobre El otoño del patriarca. Junto con este texto hay tres más sobre la obra de García Márquez, un comentario sobre los cuentos de José Félix Fuenmayor y un apéndice titulado Cómo matar a un autor, en el que Volkening reflexiona sobre el papel de la crítica, de cara al entusiasmo que despertó la obra del novelista de Aracataca.

 

Estos ensayos aparecieron entre 1963 y 1976 en ECO, de la Librería Bucholz, fueron reeditados por Arango Editores en 1998, y aparecen ahora, con edición y prólogo de Santiago Mutis Durán, bajo el sello del Fondo de Cultura Económica.

 

El primer ensayo, El arte narrativo de José Félix Fuenmayor (1885-1966), trata sobre los temas recurrentes en los cuentos de Fuenmayor y, al final, habla de la influencia de éste en las obras del llamado “Grupo de Barranquilla”.

 

En Gabriel García Márquez o el trópico desembrujado, Volkening se despacha contra los primeros análisis de la obra de García Márquez: “(…) no se ven por ningún lado las presuntas influencias de Joyce o de la Woolf.” Y aclara que la influencia de Faulkner en García Márquez es, a su parecer, sólo temática, no formal ni estilística. Sin el menor asomo de ironía, agrega más adelante: “A todas luces el arte narrativo de García Márquez se alimenta de una obsesión meteorológica-barométrica (…)”, señalando así lo que para él es el aspecto fundamental en los cuentos del primer García Márquez: el calor.

 

Anotado al margen de Cien años de Soledad es un ensayo espléndido en el que el autor, a contrapelo del resto de la crítica, manifiesta su decepción con el mítico coronel Aureliano Buendía: “(…) ni haciendo un esfuerzo supremo logro explicarme cómo en aquel joven ensimismado, parco de obras y palabras, cuya adolescencia soñolienta, casi vegetativa, transcurría lejos del mundo de las armas, las leyes y los negocios, al pie del umbroso árbol genealógico de la estirpe, despertó de golpe una vocación parecida a la de los antiguos (…)”. Tiempo después García Márquez afirmaría en una entrevista que los críticos, “y en especial Ernesto Volkening”, le hicieron caer en cuenta de que, en sus novelas, repartía los destinos según el género. Viniendo de un autor tan desdeñoso con la crítica, el reconocimiento es un elogio, además de una anécdota que resume el propósito de la labor del crítico: entablar con la obra literaria un diálogo que redunda en beneficio del lector.

 

El último ensayo, El patriarca no tiene quién lo mate, es una obra maestra de la crítica. Se concentra en analizar la génesis literaria del patriarca para concluir que no es otra que la suma de la lectura de los mitos griegos y del talento del novelista. Pero Volkening no le concede mayor influencia a la tradición de las novelas de dictador, aunque la comenta por extenso. En algún momento del ensayo se arriesga con una opinión que, a mi parecer, el tiempo se encargó de confirmar: “En fin, tengo la impresión de que García Márquez en la explotación de sus, por cierto, caudalosos recursos, ha llegado a este límite, allende el cual espera el silencio”.

 

Además de las cualidades que ya señalé, este libro tiene la virtud de ser tan útil para el académico como ameno para el lector común. Así que sólo queda esperar que, el día en el que los libros de ficción se editen con la misma calidad de esta edición, los críticos estemos a la altura de Volkening.

 

Gabriel García Márquez, Un triunfo sobre el olvido

Ernesto Volkening

FCE. 2010

192 páginas $35.000

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.