La lección de un profesional

Francisco Barrios reseña El sueño del celta de Mario Vargas Llosa.

2010/11/18

Por Francisco Barrios

Las cincuenta y siete personas a las que el autor agradece por nombre propio (además de seis equipos de trabajo de bibliotecas y archivos), los siete países en los que realizó su investigación y su confesión de haber estado a punto de “desfallecer ante las dificultades del proyecto”, dan una idea de la magnitud de esta empresa literaria. Tal vez el punto de partida para emprenderla haya sido ese lugar común según el cual “hay vidas que bien valen una novela”, y la de Roger Casement la vale de sobra.

 

Con su ya legendaria tenacidad, Mario Vargas Llosa cuenta la azarosa trayectoria de este irlandés, funcionario del Foreign Office británico, que denunció los abusos del proyecto colonialista de Leopoldo II en el Estado Libre del Congo y después reveló los brutales atropellos de la Peruvian Amazon Company en el Putumayo, atropellos que acabaron con tres cuartas partes de la población indígena de la zona y cuya denuncia le mereció al cauchero Julio C. Arana la bancarrota y el desprestigio, y a Casement el título de Caballero de la Corona Británica. Pero este y otros reconocimientos terminaron en el olvido cuando Casement abrazó la causa independentista irlandesa y, en un error de cálculo político, quiso alinear sus intereses con los de Alemania en la Gran Guerra. Casement fue entonces condenado a muerte por traición a la patria en medio de un escándalo que se alimentó de la divulgación de sus diarios íntimos, en los que registró encuentros homosexuales con jóvenes, así como sus fantasías, pero sin distinguir los unos de los otros (“Baños públicos. Stanley Weeks: atleta, joven, 27 años. Enorme, durísimo, 9 pulgadas por lo menos. Besos, mordiscos, penetración con grito. Dos pounds”).

 

Entre sus muchos aciertos, la novela denuncia el colonialismo sin hacer, como sí lo hacen tantas novelas en busca de algún personaje histórico, extrapolaciones al presente ni conjeturas anacrónicas. Por otro lado, el recuento del movimiento independentista irlandés de comienzos del siglo XX lleva al lector a querer conocer a fondo este período de la historia de Irlanda. Además, el balance de la vida de Casement nos recuerda cómo una mala decisión política puede dar al traste con una vida admirable.

 

Vargas Llosa ha expresado su generosidad con los escritores jóvenes en conferencias, entrevistas, tutorías y publicaciones, pero éstas resultan lecciones menores frente a la cátedra que sienta en dos géneros que hoy son explotados por otros con efectismo: la novela histórica y la biografía novelada. En este sentido, El sueño del celta sepulta muchas de las novedades editoriales de los últimos años.

 

La lección de Vargas Llosa es una de disciplina, esfuerzo y arquitectura literaria. El libro, curiosamente, parece escrito en inglés (y no por la cantidad de palabras inglesas que usa). Pero si bien las virtudes que acabo de mencionar no son una particularidad anglosajona, sí lo es cierta concepción del oficio (literario o no) como un esfuerzo titánico, en el que a pesar de estar a punto de sucumbir, se sabe que se alcanzará la meta. En este sentido, Vargas Llosa es un overachiever y un role model. Pero el autor no fue Casement (como Marguerite Yourcenar sí fue Adriano), y si bien la novela sostiene un ritmo que no decae nunca, no llega a un clímax dramático, a pesar de contener muchos episodios desgarradores. Hay algo de esa inmutabilidad y de esa contención que se ha constituido en el sello personal de este escritor cosmopolita en su madurez.

 

El sueño del celta

Mario Vargas Llosa

Alfaguara, 2010

454 páginas

$49.000

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