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'La liebre con ojos de ámbar' de Edmund de Waal

Portada y datos de 'Liebre con ojos de ámbar'.

Crítica libros

Una historia (en verdad) extraordinaria

Por: Alberto de Brigard

Publicado el: 2012-10-30

Edmund de Waal es uno de los más importantes ceramistas ingleses de nuestro tiempo; sus obras se exhiben en los museos más renombrados y recibe encargos de coleccionistas y curadores destacados. También es una voz respetada en la crítica de arte, en particular en los debates sobre el lugar que corresponde a la cerámica entre las artes plásticas.

Dados esos antecedentes, en el 2010, cuando apareció este libro sobre el cual él mismo dice que “no sé si se trata de mi familia, de la memoria o de mí, o si sigue siendo un libro sobre miniaturas japonesas”, los primeros comentarios dejaban ver cierto tono de sorpresa ante la calidad literaria de la primera publicación de un autor que, después de todo, se expresa fundamentalmente con objetos. Tras la avalancha de críticas favorables, premios y éxito de ventas en todos los países que se ha editado, los lectores de esta oportuna y muy buena traducción de Marcelo Cohen podrán encontrar algo menos usual que una sorpresa: la sensación de que las más altas expectativas que se puedan tener sobre un texto quedan plenamente satisfechas.

El punto de partida del libro es, en sí mismo, muy particular: en 1994 De Waal recibe como herencia una “colección muy grande de objetos muy pequeños”: 264 netsuke, esculturas en miniatura elaboradas en marfil o maderas preciosas que usaban los japoneses de los siglos XVIII y XIX como remate de las cuerdas con las que ataban a sus kimonos los talegos o cajas de diversos materiales que cumplían la función de los bolsillos. El heredero de estos objetos, para quien “la forma como se manipulan, se usan y se pasan los objetos no es una pregunta tibiamente interesante”, se siente un poco abrumado al verse como custodio de una colección que ha estado en poder de su familia por más de un siglo. Para asumir su papel decide visitar los lugares en los que se conservaron, se exhibieron o se ocultaron las miniaturas y seguir los pasos de los antepasados que las adquirieron, las poseyeron y las obsequiaron; además, escribirá sobre ello.

Esos antepasados tampoco son comunes y corrientes. La familia Ephrussi fue, en su época de esplendor, una de las más ricas de Europa, apenas comprable por su fortuna y la extensión de sus negocios con los Rothschild, con quienes compartían su origen judío. De Waal, entonces, se da a la tarea de comprender cómo sería vivir con su tío bisabuelo en un palacio del París de la Belle Époque, moviéndose en los círculos de Proust, encargando pinturas a los recientemente aceptados impresionistas y defendiéndose de los ataques que aparecían en público en los periódicos que se ocupaban del caso Dreyfus o que se expresaban en privado en los diarios de los hermanos Goncourt. Siguiendo el rastro de los netsuke y de los bisabuelos del autor llegamos a otra mansión, en este caso en la Viena del emperador Francisco José, de Freud, de Mahler... y de Hitler. Finalmente, por un nuevo revolcón de la historia, las miniaturas retornan a su origen, en poder de otro personaje que tampoco estaría fuera de lugar en una novela: un sofisticado banquero homosexual, tío abuelo del autor, que logró asimilarse al Japón pobre y devastado de la inmediata posguerra.

Esta crónica familiar, conmovedora sin caer nunca en lo sentimental, recoge con minuciosidad pero con una agradable reserva, historias de un siglo de cambios y tragedias, nos pone en medio de testimonios y recuerdos dignos de preservación y nos desafía con ideas sobre el arte, el coleccionismo, la inclusión y la familia. Un libro fascinante en el sentido literal de la palabra, que ofrece una saga comparable a Los Buddenbrook, con personajes que interesaron al mismo Proust y una trama que no rechazaría Joseph Roth. ¿Acaso ahora lo apropiado sería presentar a Edmund de Waal como un gran escritor que también hace magníficas piezas de cerámica?