RevistaArcadia.com

La madurez filosófica de la historia colombiana

Orlando Mejía Rivera reseña La Hybris del punto cero, del filosofo colombiano Santiago Castro-Gómez

2010/03/15

Por Orlando Mejía Rivera

Luego de leer el libro de Santiago Castro-Gómez titulado La Hybris del punto cero. Ciencia, raza e ilustración en la Nueva Granada (1750-1816) (Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2007), se puede afirmar que, por fin, un filósofo nacional ha pensado de manera genuina y profunda nuestra historia. La mayoría de nuestros filósofos que publican y enseñan se han convertido en simples repetidores de la historia de la filosofía: pululan en las universidades “nuestros expertos” en Hegel, en Kant o en Habermas, que no saben nada del país donde han nacido y vivido, e incluso se enorgullecen de no leer “nada regional ni nacional”. Esta impostura lamentable ha ocasionado gran daño al desarrollo de un pensamiento filosófico auténtico y detrás hay posturas anacrónicas: la supuesta universalidad atemporal de las ideas filosóficas y la subyugación acrítica a la hegemonía intelectual eurocéntrica.

De ahí el valor de esta obra. Se parte de los conceptos de “biopolítica” de Foucault, de “poscolonialismo” de Said y de la “teoría de la colonialidad” de Dussel, Mignolo y Quijano, usados de manera crítica y creativa, para plantear que durante la segunda mitad del siglo xviii, en la Nueva Granada, se construyeron dos imaginarios culturales que en apariencia se contradecían, pero que en realidad fueron complementarios: “De un lado, el imaginario colonial de la limpieza de sangre y, del otro, el imaginario moderno de la objetividad científica”. El primero produjo el mito de “la blancura” entre la aristocracia criolla y esto les permitió construir una sociedad de “castas” donde el orden jerárquico del poder político y social nacía de la “pureza de la sangre”. Solo los descendientes de españoles no mezclados con las “sangres impuras” de los “negros y los indios” podían mandar, explotar la tierra e ingresar a los colegios y universidades. Los demás, “16 tipos de sangre”, debían aceptar su condición de subordinados o lacayos. La categorización racial de los “otros” fue la manera como se los dominó, negó y excluyó a partir de la construcción de discursos que enfatizaron en que ellos eran “perezosos”, “borrachos” “indolentes”, “falsos”, etcétera; es decir, “inferiores”.

Con la llegada de los Borbones al trono de España se introdujo el espíritu de la ciencia ilustrada a las colonias y era necesario que la rancia y parásita aristocracia de criollos, que no trabajaron la tierra ni ejercieron el comercio, fuese reemplazada por ilustrados y científicos que supieran explotar de manera técnica y eficiente los recursos naturales. Sin embargo, lo que demuestra Castro es que ello generó una clase de criollos ilustrados que no combatieron las ideas racistas de estirpe medieval, sino que, por el contrario, usaron los conocimientos científicos para legitimar esa artificiosa diferencia racial. El análisis detallado de los escritos de Mutis, Caldas, Tadeo Lozano, entre otros, revela que “la ?etnia blanca dominante estaba decidida a impedir la incursión de las castas en el sacrosanto recinto del conocimiento, salvando para sí el exclusivismo del trabajo intelectual”. Pero también se muestra cómo las reformas borbónicas en materia de salud y enfermedad tuvieron una intención “biopolítica” y se adelantaron a las “tecnologías disciplinarias” que describe Foucault en la Europa de la última mitad del siglo XVIII.

Por último, se analiza el papel ideológico y colonial de la ciencia europea en la Nueva Granada. Castro muestra que la ilustración científica negó cualquier conocimiento previo o diferente al surgido en Europa. A esta pretensión de hacer tabula rasa y partir solo de su propia legitimación discursiva lo llama “la hybris del punto cero” que garantizaba la invalidación de los saberes no occidentales e, incluso, se terminan discriminando los productos intelectuales y científicos surgidos de los criollos ilustrados, de allí el colonialismo cognitivo. De hecho, el rechazo a las teorías europeas de la degeneración intelectual de los criollos es el germen epistemológico del movimiento independentista de la Nueva Granada. Con este libro la filosofía colombiana ha llegado a su plena madurez intelectual y ojalá se convierta en un referente de indispensable lectura.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.