La sangre y la lluvia

Chucky García reseña Let England Shake de PJ Harvey.

2011/03/30

Por Chucky García

Hace mucho que el nuevo rock británico sufre de cierta anemia. El último gran álbum con todo lo necesario para hacer sentir vivo al más pecho frío de los mortales bien puede ser Ok Computer de Radiohead, lanzado en 1997, aunque eso sea desconocer que en todo este tiempo grabaciones de entusiastas bandas alternativas como Arctic Monkeys, Bloc Party, The XX o Muse —y grupos con gran alcance comercial y una música comatosa como Coldplay o Keane— han tocado el corazón del público en masa o el de nichos específicos.

 

Tras aquella sucesión de éxitos y discos generacionales que el britpop le dio al mundo en un tiempo récord, del 94 al 98 como (What’s the Story) Morning Glory? de Oasis, The Great Escape de Blur y Urban Hymns de The Verve (quizá el disco que cierra esa era de rock UK), en los años siguientes entró en reposo. Las listas de los más vendidos se acomodaron a otras necesidades y cobró fuerza la idea de una etapa de transición, desprovista de su adorable desencanto en primera persona y de esa entrañable y al mismo tiempo distante calidez del britpop.

 

A la sombra de los nuevos y esperados lanzamientos de las luminarias del sonido inglés moderno como Radiohead o los mismos Oasis (disueltos solo hasta el 2009), una mujer calentó el nido del pálpito, la nostalgia y la auténtica desazón: Polly Jean Harvey. Nacida en Inglaterra en 1969 y con trayectoria como solista desde 1995 (cuando sacó el álbum To Bring you my Love), PJ Harvey se mantuvo a salvo de la tormenta de prototipos de canciones que trajo el ocaso del britpop y el nuevo amanecer de la escena indie de su país en la década del 2000; y fue firme en su inmersión artística aún cuando chapoteó en aguas mainstream con su lucido álbum Stories from the City, Stories from the Sea, hace once años.

 

A veinte de haber comenzado una carrera oficial en la música con una banda que llevó su apócope, la cantautora y guitarrista inglesa celebra este 2011 con el posible mejor trabajo musical de su carrera, Let England Shake, un álbum que prueba lo dicho y en el que su generosa aflicción depara en una melódica y rítmica colección de doce temas, a su manera, solemnes.

 

Grabado en vivo en una iglesia del siglo XIX en la ciudad de Dorset, lo más reciente de PJ Harvey suena, además, como el lugar perfecto y minucioso para reencontrarse con el rock valiente y tozudo, y con la feroz franqueza con la que ella canta cuando de forma literal o metafórica habla del amor o de los sangrientos designios políticos que se toman a nombre de los pueblos.

 

Let England Shake no es, sin embargo un disco político, dentro de la lista oficial de álbumes de la artista inglesa es el décimotercero que edita y el tercero en el que trabaja con Mark Ellis, o Flood, productor del álbum de U2 que barrió en los Grammy de 2006 (How to Dismantle an Atomic Bomb) y colaborador de diversos tipos de figuras como Depeche Mode, Sigur Rós, Nine Inch Nails, Goldfrapp o 30 Seconds to Mars.

 

Boyante en cada una de sus canciones y con una mezcla de influencias e instrumentos que la artista inglesa escurre con encarnizamiento aunque el resultado final suene amigablemente pop (desde corridos folk hasta samples de reggae, notas de xilófono y fanfarrias de trompeta); Let England Shake finalmente es un ejemplo de austeridad espectacular, como bien lo describe buena parte de la crítica que hoy lo tiene como una novedad irremediable; y la mejor y más encapotada batalla de voces que PJ Harvey ha dado en título alguno suyo o que hay entre los estrenos discográficos foráneos de su tendencia, en lo corrido del año casi todos sumidos en la tibieza.

 

Let England Shake

PJ Harvey

Island Records, 2011

$40.000

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