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La tentación de silenciar

Martha Ruiz reseña el libro de ensayos de J.M. Coetzee, Contra la censura

2010/03/15

Por Martha Ruiz

La lucha perpetua entre el poder y la palabra es el tema de los doce ensayos de Contra la censura, el más reciente libro publicado en español del Premio Nobel de Literatura J.M. Coetzee. Aunque fue publicado en inglés hace ya once años, en 1996, su traducción al español, una década después, no puede ser más oportuna. A lo largo de sus páginas aparecen situaciones que bien podrían haber ocurrido recientemente en cualquier país de América Latina. La misma profundidad que se lee en novelas como Desgracia o Esperando a los bárbaros aparece en estos textos, por lo demás bastante densos. Tratándose de un tema tan político, el autor pudo elegir el camino del manifiesto. Pero no fue así. Coetzee escogió el de la filosofía y, en ocasiones, el de la psicología, para explicar lo que él llama la pasión por silenciar.

La pornografía, los censores del arte, y el apartheid son los temas centrales del libro. Estudia casos, pero no para hacer análisis coyunturales. Por el contrario, trasciende lo anecdótico hasta encontrar los motivos profundos de la censura. “El gesto punitivo de censurar tiene su origen en la reacción de ofenderse”, dice el sudafricano. En los estados autoritarios, la ofensa se convierte en paranoia.

Para el autor, la censura no es solo la prohibición de la palabra. El silencio también es una pasión en las democracias. Así lo demuestran los primeros ensayos en los que se ocupa de la tendencia a controlar la pornografía. Desde la prohibición de El amante de Lady Chatterley, de D.H Lawrence, cuyas escenas de placer –que incluyen el sexo anal– subvirtieron la moral victoriana; hasta la encarnizada lucha de las feministas para acabar con la difusión masiva de la pornografía que, según su credo, cosifica a la mujer. En este debate, el Nobel defiende una posición radicalmente individualista y liberal. Se deslinda de cualquier prohibición.

Pero la argumentación más demoledora contra la censura se encuentra en tres ensayos sobre el régimen soviético. Analiza la “Oda a Stalin” que compuso el poeta Osip Mandelstam, tiempo después de haber sido enviado a prisión. Y concluye que el fin último de los regímenes totalitarios es prescindir de los censores. La meta es que la censura se instale en el corazón y en la mente del autor y que se instale lo que Isaac Bábel llamó “el género del silencio”. El tirano teme al poder del autor, presume Coetzee, y se regodea al destruir ese poder, a veces con mecanismos sutiles de apertura que aparentan tolerar la disidencia, cuando en realidad, la mantienen bajo control. Tal como habría ocurrido con Solzhenitsyn.

Los últimos ensayos están dedicados al apartheid como mentalidad, e intenta desnudar los prejuicios racistas que se hallaban en la sociedad sudafricana mucho antes de que estos se convirtieran en política y ley. En este apartado, ?Coetzee hace un interesante juego de espejos entre el abyecto censor y la mitificación del artista. Y concluye que, al final del día, el arte siempre resultará vencedor, aunque los disidentes del silencio tengan que luchar contra sus demonios toda la vida.

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