RevistaArcadia.com

Las antípodas

Jorge Iván Salazar reseña la novela de Piedad Bonnett, Siempre fue invierno

2010/03/15

Por Jorge Iván Salazar

Sobre el telón de fondo de la convulsionada historia de Colombia de comienzos de la década del ochenta, Piedad Bonnett desarrolla su nueva novela a partir de dos personajes, provenientes de los extremos de la sociedad. Las vidas de Franca y Ángel se cruzan, se separan y trazan el mapa de una sociedad dividida. Un importante logro de esta obra es la creación de personajes dotados de una humanidad muy concreta y que escapan al fácil arquetipo del colombiano, que ha sido popularizado por cierta literatura reciente. Franca es una joven de buena familia, atrapada en un matrimonio a la deriva; el azar la pone en el camino de Ángel, médico proveniente de las clases populares y con un pasado de militancia en la izquierda. Ambos caen en una relación compleja, que les hará explorar lo mejor y lo peor de cada uno. Ambos se debaten en medio de sus temores, de sus debilidades y aspiraciones, que son también los temores, las debilidades y las aspiraciones de sus clases sociales. La estrategia del narrador omnisciente permite al lector adentrarse en la mente y en el entorno de los personajes, y hace palpables las contradicciones que harán imposible el amor. Es también un recorrido de la memoria, tanto de la memoria individual de sus personajes, como de la memoria colectiva del país.

La novela sobrepasa la simple anécdota de los amores frustrados por culpa de las diferencias sociales. Es mucho más: es una exploración juiciosa en torno a nuestra condición de colombianos, en un momento de nuestra historia en el que la sociedad se debate entre un pasado tradicionalista y un futuro de contornos imprecisos. Los personajes intentan un diálogo desesperado que les permita aproximar sus mundos y limar las grandes diferencias que se abren entre ellos; diferencias de rango, de educación, de dinero, de oportunidades. Su tragedia consiste en que ni ellos ni sus mundos estaban aún preparados. La pregunta que se abre es la siguiente: ¿lo estamos ahora? Sobre el papel, nuestra realidad se ha modificado dramáticamente en las últimas dos décadas. Hay una nueva constitución que habla de pluralismo, y en las academias el tema de la apertura hacia el otro en un importante centro de atención. Sin embargo, la novela de Piedad Bonnett muestra que siguen existiendo brechas profundas, ante las cuales no bastan ni la buena voluntad ni el más sincero discurso democrático. Ángel y Franca son un símbolo de nuestras divisiones, del abismo entre el norte y el sur, entre ricos y pobres, entre hombre y mujeres.

Siempre fue invierno es una novela que traza sendas a la literatura colombiana contemporánea, especialmente porque muestra la posibilidad de explorar nuestra realidad y nuestra condición evitando el trillado camino del relato de sicarios, prostitutas y narcotraficantes; muestra que todavía se puede armar una historia a partir de fórmulas narrativas clásicas, siempre que la anécdota se sostenga y se construyan personajes complejos y creíbles. Muestra, en fin, que nuestra realidad es bastante más rica y compleja, y que se pueden intentar reflexiones valiosas a partir de historias sencillas. El fracaso vital de sus personajes deja un sabor agridulce en el lector, porque también señala las limitaciones de nuestros proyectos sociales.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.