Portada de Mestizajes, disco de la Orquesta Filarmónica de Bogotá.

Las costuras

Luis Daniel Vega comenta el último trabajo de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, en donde se versionan canciones de ChoQuibTown, Andrés Cepeda y Puerto Candelaria, entre otros.

2010/03/16

Por Luis Daniel Vega

Han sido más de cuarenta años en los cuales la Orquesta Filarmónica de Bogotá (OFB) ha desacralizado la imagen elevada de la música erudita y, ya sea en el León de Greiff, en el Fabio Lozano, en parques o calles bogotanas, se ha ?preocupado por entregar a un público masivo interpretaciones que van desde los clásicos colombianos (Pedro Morales Pino, Francisco Cristancho y Lucho Bermúdez, entre otros) hasta depuradas y riesgosas puestas en escena de las sinfonías de Mahler.

Aunque el repertorio colombiano (popular y culto) ha estado siempre dentro de los intereses de la Orquesta, no fue sino hasta julio de 2009, en el León de Greiff, donde se fraguó quizás el proyecto más avezado de la Orquesta en toda su historia.

María Claudia Parias, directora general de la Orquesta; Ricardo Jaramillo, director artístico, e Iván Benavides, productor general, decidieron hacer un disco donde voces disímiles del amplio espectro que componen nuestro panorama musical actual se dieran cita para demostrar de una vez por todas que lo clásico y lo popular pueden convivir sin ningún tipo de infundada tensión.

Hasta aquí la cosa pinta muy bien, y la expectativa crece cuando nos enteramos de que en este registro podremos escuchar a la OFB interpretando arreglos de estilos muy diversos que van desde el pop (Cabas, Andrés Cepeda, Mónica Giraldo, Shakira), el hip hop, (ChocQuibTown), el currulao (Bahía Trío), el rock (Aterciopelados), la salsa (Joe Arroyo), cumbias y gaitas (Toto la Momposina, Gaiteros de San Jacinto), bambucos (Seresta), golpes llaneros (“Cholo” Valderrama) y guascas sicodélicas (Puerto Candelaria).

La curaduría y los repertorios vienen bien en la medida que existe aquí el reto de situar a la OFB en un punto medio entre los “eruditos” y los “profanos”. Hoy en día, cuando a estas alturas del partido en Rock al Parque los metaleros, los emos, los punks, los raperos y los electrónicos no han aprendido a convivir sin mostrarse los dientes, el gesto de Mestizajes es necesario y trascendental en un país que todavía no ha sabido entender su diversidad.

Ahora bien, y entrando al punto neurálgico de este asunto, parece ser que a ejercicios de este tipo no les ha ido muy bien teniendo en cuenta que la música orquestal (por alguna extraña razón) le resta toda la espontaneidad a la música de corte popular. Desde el aburridísimo disco de Cerati, la frialdad de Us and them con música de Pink Floyd, la pifia de Jorge Celedón y el S & M de Metallica, por citar algunos, el resultado ha sido, debemos decirlo, algo estilizado y carente de emoción.

En Mestizajes (disco impecable en sonido y presentación, esto último todo un acierto pues durante años los discos de la OFB no se caracterizaron precisamente por un diseño que fuera más allá de la simple impresión del escudo de Bogotá) todo parece estar en su sitio, en el lugar correcto. Y ese es el problema. Más allá del riesgo inicial, los arreglos, juiciosos todos, suenan, en su mayoría forzados por la sencilla razón de que todavía, por ejemplo, las percusiones de corte afro-caribeño se sienten como un ornamento y, en esa medida, no dialogan ni se mimetizan.

Aunque a toda costa los arreglistas quisieron que la Orquesta evadiera el convencional papel de acompañante, en temas como “Rebelión”, “Llanero soy”, “Somos pacífico”, “Vuelta canela”, El pescador”, Maligno”, “A paso lento” y “Hay amores”, las voces permanecen en una suerte de burbuja aséptica que las aleja, desafortunadamente, de la fuerza y naturalidad originales.

Salvado el caso de la versión que Seresta ofrece de “Bambuquísimo” y el aventurado arreglo que Juan Sebastián Monsalve escribe de “Zafra llorona” (una pieza de los Gaiteros de San Jacinto que acá suena renovada y muy contemporánea), Mestizajes es un disco que no logra despegar con la potencia que uno esperaría de una Orquesta pues a esa red, a esos mestizajes, todavía se le notan las costuras.

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