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Las uñas del padre Flynn

Nicolás Mendoza reseña La duda, una película dirigida por John Patrick Shanley

2010/07/31

Por Nicolás Mendoza

La hermana Aloysius Beauvier, directora de un colegio de primaria norteamericano de los años sesenta, está completamente segura de que su superior, el padre Brendan Flynn, comete actos de pederastia con al menos uno de los alumnos del colegio. Lo malo es que no puede probarlo. O tal vez eso es lo bueno, piensa uno, porque el padre Flynn, progresista y carismático, sin duda tiene que ser inocente. Un momento… ¿sin duda? Tal vez sea esa precisamente la fachada que usa el lujurioso pedófilo para acechar sigiloso a sus víctimas, y lograr que se acerquen sin sospechar nada para atacar cuando ya es demasiado tarde. De otra manera ¿cómo explicar el orgullo con que muestra sus largas uñas, su ridículo manicure francés? Pero, ¿no es acaso una ligereza demencial condenar a alguien como pederasta por la longitud de sus uñas como única prueba? La hermana Beauvier (Meryl Streep) es el paradigma de la monja docente: dogmática, paranoica, maniqueísta. ¿Vamos a creer en ella acaso? ¿Vamos a preferirla mandando a la hoguera al brillante padre Flynn? ¿Sus defectos tienen algo que ver con los pecados del cura?

En La duda la culpa y la inocencia se mecen en un vaivén interminable gracias, en gran parte, al talento de Philip Seymour Hoffman y Meryl Streep, quienes dan a sus respectivos personajes dosis exactas de ambigüedad, una palabra que es fundamental en esta película más que en cualquiera que hayamos visto antes.

En la película el espectador se enfrenta a un juego de equilibrismo cultural: presenciamos un duelo de dos personajes diametralmente opuestos, ideológicamente enfrentados por algo que no tiene nada que ver con la ideología, pero nuestras propias inclinaciones y nuestros propios maniqueísmos aprendidos tienden a influir en nuestro juicio en el conflicto. La película nos pone carnadas emocionales aquí y allá, como las uñas del padre Flynn. Como espectadores las mordemos ávidos, y al poco tiempo nos encontramos confundidos porque de repente estamos mordiendo del lado opuesto. Esto resulta un poco manipulador, pero es necesario para comunicar la idea del director. “La escribí en los inicios de la guerra con Irak —dice John Patrick Shanley, quien primero escribió una obra teatral sobre la que ahora realiza su película— y todos a mi alrededor parecían muy seguros de sí mismos, nadie parecía escuchar a los demás, y cualquiera que hiciera una pausa para decir “no estoy seguro” era considerado débil. Y yo pensaba que precisamente eso, esa vacilación, esa duda, es precisamente la marca de la sabiduría, y siempre lo ha sido en la historia de la especie. Quería dramatizar el poder y la pasión que se requieren para ser una persona que cultiva y que se aferra a la duda”.

La anterior afirmación es curiosamente parecida a una famosa frase de Bertrand Russell: “Todo el problema del mundo es que los tontos y los fanáticos siempre están tan seguros de sí mismos, y la gente más sabia tan llena de dudas”. La similitud despierta sospechas, las preguntas empiezan a rondar, la mente hace conjeturas. ¿Será posible que Shanley esté plagiando vulgarmente a Russell? ¿Querrá la providencia que John Patrick Shanley no sea más que un charlatán? ¿Será acaso una inocente coincidencia de conceptos? Esa es otra duda que tal vez jamás podamos resolver.

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