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Lecciones de un tartamudo

Álvaro Robledo reseña El estrecho rincón, del escritor inglés William Somerset Maugham

2010/03/15

Por Álvaro Robledo

El estrecho rincón podría ser leída como una protonovela de Al filo de la navaja, novela con la que Somerset Maugham se aseguró un lugar en el panteón de la literatura universal. Y digo protonovela porque las mismas búsquedas del autor están también aquí encerradas pero no desarrolladas con tanta profundidad: la lectura de la psicología de los europeos que todavía vivían con la idea de Imperio (no en vano la acción ocurre en varias de las islas del Pacífico sur, bajo el dominio de los ingleses, los holandeses o los portugueses), la búsqueda incansable de varios protagonistas de una vida espiritual en lugares improbables en los que alguien podría encontrar alguna verdad.

La novela comienza con la descripción del personaje principal, el doctor Saunders, un inglés opiómano de cara roja y redonda, de piernas cortas y abultada panza, que servirá de observador amoral, que pretende simplemente dejar discurrir ante sus ojos el circo del mundo y sus pasiones. El doctor Saunders era reputado entre los chinos por curar enfermedades de los ojos, por ello viaja a Takama, cerca de Nueva Guinea a curar a un rico comerciante chino, avaro y mañoso, de nombre Kim Ching. Allí conoce a sus compañeros de viaje a bordo de un lugre perlero llamado Fenton: el capitán Nichols, un viejo lobo de mar, mentiroso y vil, pero valiente ante la adversidad, un “mártir de la dispepsia”, quien con su honestidad brutal servirá de ancla a la a veces solemne narración. Junto a él va un muchacho australiano de nombre Fred Blake, con una historia oscura que no se conoce hasta el final de la novela, guapo, a veces hosco, quien solo habla con alegría a las mujeres, en particular si son bellas, y quien parece es bueno solamente para el baile.

En una de las islas a las que llegan, llamada Kanta, conocen a un antiguo profesor de Cambridge, de apellido Frith, viudo y padre de una hija de gran belleza. Encarna la imagen del “gentleman” inglés llevado a menos: un único diente amarillo en la boca confirma esta imagen. Él había leído sobre la isla en algún libro de viajes y se obsesionó con la idea de que ese era el único lugar en el mundo en el que quería vivir. Una isla apartada en algún lugar del Pacífico donde el mar estaba perfumado con especias y donde había grandes palacios de mármol. Al ver la realidad del lugar al que llegó, la obligó a coincidir con su fantasía: “Lo que da belleza a un ideal es que es inalcanzable”. Su pensamiento es comparable con el de Laurence Darrell de Al filo de la navaja: “Dentro de no mucho tiempo me habré librado de las obligaciones de mi madurez. Entonces tomaré mi bastón y viajaré por el mundo en busca del conocimiento que trasciende a toda comprensión”.

Salvo la diferencia de edades, ambos personajes, tanto Frith como Darrell van tras la misma búsqueda: el encuentro de la verdad espiritual. La misma búsqueda de William Somerset Maugham, tartamudo desde que empezó a hablar (recordemos que en gran medida la búsqueda espiritual se inicia entre los desvalidos o quienes no son del todo aceptados por el mundo, los feos, los oprimidos), quien resume su credo de vida en la boca del doctor Saunders, quien tras ver las tragedias que suceden ante sus ojos adormecidos por el opio y el tedio, sentencia: “Nunca he tenido ninguna simpatía por la actitud ascética. El hombre sabio combina el placer de los sentidos con el placer del espíritu de forma tal que se incremente la satisfacción que obtiene de ambos. Lo más valioso que he aprendido de la vida es que no hay que arrepentirse de nada. La vida es corta, la naturaleza es hostil y el hombre es ridículo”.

Este libro es uno de los títulos del proyecto editorial mexicano Sexto Piso. Una editorial que pretende, en un notable intento, crear un tejido en el que cada libro publicado en su colección literaria sea un capítulo de una novela que será escrita a lo largo del tiempo. Y en este caso, se trata de un gran capítulo.

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