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Leer para vivir

Guillermo Martínez reseña Leer para vivir de Felipe Ossa Planeta, 2006 152 páginas

2010/03/15

Por Guillermo Martínez

Quizá la manera más acertada para aproximarnos a la definición de un li? brero sea la de alguien que ama y vive para los libros. “Los libros me llevaron a ser librero y ser librero me llevó a los libros”, dice en algún momento Leer para vivir, las memorias de Felipe Ossa, uno de los libreros más representativos del país y artífice de la Librería Nacional. En realidad, no hay un solo fragmento de estas memorias que no sea una exaltación de la página impresa, un registro del placer de leer y encontrar aquellos textos y autores que de alguna manera marcaron el destino del autor de estas memorias.

Uno de los capítulos más hermosos, por ejemplo, está dedicado al comienzo de todo, a la biblioteca del padre. Fue allí en medio de la atracción táctil de los volúmenes que poblaban la casa de la infancia, que se inició la pasión por la lectura, la aventura de conocer un universo que por carecer de límites invitaba al vértigo del conocimiento insaciable. Allí, por el contacto de las ediciones raras y curiosas, de los libros de los clásicos, de las revistas y los folletines, se incubó el futuro librero, el lector y profesional sofisticado capaz de apreciar todos los matices de una edición valiosa: la calidad y el olor de los papeles, los empastes, la variedad de los diseños, el valor estético de las ilustraciones y los dibujantes. Entre las conversaciones del padre, viejo librero y bibliómano, y la atmósfera silenciosa de su biblioteca, surgió la pasión por el libro.

Para un librero, la librería es su verdadera casa, un espacio tan esencial como el mismo aire. Varios capítulos de estas memorias están dedicados a la Librería Nacional y a su legendario fundador, don Jesús M. Ordóñez. La vida del maestro Ordóñez, como lo llama con afecto Felipe Ossa, es fascinante. Pasó de ser un librero reconocido en Cuba, casado y con hijos, a un empresario que de un momento a otro se decidió por la aventura de regresar a Colombia a empezar de nuevo. Vino a Barranquilla y allí fundó la primera sede de la que sería la Librería Nacional. Desde un principio, tuvo la idea de un espacio en el que fuera posible tomar un café o un buen helado, mientras se miraban los libros y se escuchaba música. Ése fue el modelo que renovó el concepto de librería en Colombia y que después se extendió con éxito a Cali y a varias ciudades del país.

El común de la gente supone la vida del librero como algo delicioso, en la que todo pasa sin más esfuerzo que el encanto de las conversaciones, el encuentro constante con personas interesantes y la habilidad para complacer al cliente con el libro que necesita o lo obsesiona. Nada más engañoso. Detrás de todo esto, la cotidianidad de un librero es ardua y riesgosa. Requiere de un aprendizaje que se hace con el tiempo y en el que actúan a la par su conocimiento como su capacidad para sortear las trampas y contradicciones del mercado.

Sin un adecuado equilibrio entre los intereses intelectuales y la habilidad comercial, ningún librero se sostiene. Además de una memoria de elefante, de una sensibilidad alerta a los cambios y a las nuevas tendencias de la cultura, de tener el tacto para comunicarse con esos especímenes tan especiales y casi siempre excéntricos que son los lectores, un librero debe ser un maestro del cálculo y la supervivencia. Y no sólo eso: es un complejo aprendizaje, que en las memorias de Felipe Ossa está contado al detalle. Largo es el camino que va del adolescente de dieciocho años que empezó como simple bodeguero de la librería de la Plaza Caicedo de Cali, hasta convertirse en el librero estrella.

Son muchos los aspectos de estas memorias en los que podemos detenernos con la fascinación de quien abre un libro y encuentra siempre la página de lo imprevisto. Baste mencionar, sólo para concluir, que una librería más que un lugar para vender y comprar libros es un espacio para la conversación y la amistad. Un laboratorio en donde se puede conocer de manera ideal el corazón de los hombres.

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