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Legado de cenizas

Alfonso Cuéllar reseña Legado de cenizas de Tim Weiner Debate, 2008 718 páginas

2010/07/02

Por Alfonso Cuéllar

Durante sus 60 años de historia, a la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) le han atribuido, tanto como admiradores como detractores, el don de la ubicuidad. Detrás de cualquier golpe militar en África o América Latina, de un atentado en Asia o de una extraña crisis financiera en algún país del entonces bloque soviético, el primer sospechoso era (¿es?) la CIA. Una leyenda que le servía a todo el mundo: a la cia, porque demostraba gestión y capacidad de influencia mundial a su clientela —la Casa Blanca, el Congreso y la opinión pública— y a los líderes políticos de los países donde ocurrían los hechos, porque era muy fácil endilgarle la responsabilidad a la “oscura y macabra” agencia de inteligencia estadounidense. Pero como ocurre con los mitos, el cuento de la CIA como una entidad todopoderosa se cae en Legado de cenizas.

Tim Weiner, un reportero de The New York Times, tuvo acceso no solo a miles de documentos secretos sino que habló con decenas de agentes y funcionarios de la agencia, que por primera vez opinaron con nombre propio sobre sus andanzas en la Guerra Fría e incluso acerca de los errores que se cometieron en la lucha contra Al Qaeda y la invasión a Irak en 2003.

Algunos de sus “éxitos” como los golpes en Irán en 1953 y Guatemala en 1954, en los cuales montó su imagen la agencia, se dieron más por suerte que por estrategia. En otras palabras, tumbaron esos gobiernos inamistosos para Estados Unidos, no obstante su propia incompetencia. Como analistas geopolíticos, tampoco salen muy bien librados los funcionarios de Langley. En enero de 1989 le informaron a la Casa Blanca que la Unión Soviética seguiría siendo la principal amenaza para Estados Unidos en los próximos 25 años. En diciembre 1991, la Unión Soviética dejó de existir.

Tal vez por eso, por el hecho de romper paradigmas, es que vale la pena leerse esta obra.

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