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La otra historia del siglo XX

La teoría de la relatividad, el arte moderno y contemporáneo, el nihilismo, los ovnis, la música atonal, dos guerras y un mundo dividido en dos. El periodista británico John Higgs hace un recorrido intelectual para reflexionar sobre el siglo pasado más allá de la historia convencional.

2016/02/28

Por Mauricio Sáenz

Nunca como en el turbulento siglo XX la humanidad vivió un cambio tan extremo. En ese lapso, sucesos vertiginosos modificaron para siempre el devenir humano tanto a nivel científico y social, como político y económico. Conceptos que parecían intocables perdieron su vigencia, los antiguos paradigmas se rompieron, y nada volvió a ser como antes.

De ahí la utilidad de ejercicios intelectuales como el que hace el periodista británico John Higgs en su nuevo libro, al asumir el reto de ir más allá de la historia convencional para tratar de encontrar explicaciones a ese tsunami que nos condujo al mundo de hoy. Su análisis no transcurre desde la perspectiva de los protagonistas habituales, los líderes políticos o militares, sino desde la de personajes distintos, artistas, escritores, científicos e intelectuales, algunos desconocidos, pero siempre sorprendentes, como Wernher von Braun, Timothy Leary, Keith Richards y Sigeru Moyamoto, el creador de Super Mario Bros.

Como dice Higgs, en 1900 el mundo estaba lleno de certezas inamovibles. Los científicos pensaban que no había mucho más por descubrir y los inventores creían que se iban a quedar sin trabajo. No contaban con un físico alemán llamado Albert Einstein.

Einstein jamás quiso tener en sus manos el destino de la humanidad, pero al plantear en 1905 la teoría de la relatividad dio el primer campanazo de que el nuevo siglo sería diferente. Higgs se pregunta qué tanto esa nueva mirada influyó, por ejemplo, en el surgimiento de tendencias artísticas como la promovida por la excéntrica baronesa Elsa von Freytag-Loringhoven, quien influiría en Marcel Duchamp para crear su Fuente, un orinal que solo es arte porque lo dice su autor. Por la misma época, los cubistas y los expresionistas reconocían la existencia de múltiples puntos de vista, mientras surgía la música atonal y la literatura se embarcaba en obras tan transgresoras como el Ulises, de Joyce.

En lo político, los imperios, tras regir por más de 1.000 años, se desplomaron de improviso después de una guerra sin antecedentes. Surgía el individualismo, la otra característica secular. En este punto Higgs trae a cuento al satanista Aleister Crowley y a la escritora Ayn Rand, que defendían el egoísmo como fuente de progreso, sostenían que el individuo tenía el derecho de imponer sus ideas, y que la voluntad del más fuerte debía prevalecer. Puntos de vista coincidentes con los líderes como Hitler y Stalin, cuyo choque de individualidades significó la muerte de millones de personas.

De ese mismo modo, el siglo vio múltiples procesos, como el nacimiento del nihilismo, la llegada de los ovnis, de la carrera espacial, de los adolescentes como protagonistas culturales y económicos y de la teoría del caos. No falta la desaparición del patrón oro como referencia del valor de las monedas, que dio lugar al funesto mito del crecimiento indefinido, ambos responsables de la explosión de la desigualdad de hoy.

En un pasaje al final, Higgs deja en claro que la humanidad sigue su camino en un mundo sin certezas: ya no hay teorías absolutas, solo modelos que compiten. Pero no siempre: el dispositivo de navegación de los carros es un buen ejemplo: los microchips de silicio usan lo que sabemos de la extraña mecánica cuántica; el satélite gps que utiliza fue puesto en órbita con las leyes de la física newtoniana, y la precisión del aparato se basa en la relatividad de Einstein. Todos se contradicen, pero el navegador funciona.

Higgs logra entusiasmar con sus piruetas intelectuales, y ciertamente siembra muchas reflexiones. En su contra: exagera con el título, pues enfoca su ensayo en Occidente. Eso abre una brecha muy grande. Para no ir más lejos, deja por fuera los procesos del mundo islámico que hoy nos preocupan cada noche en los noticieros y nos hacen preguntarnos qué salió tan mal en ese campo.

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