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Razones para desconfiar de todo el mundo

Los cuentos de Noriega recrean una atmósfera donde el humor y la violencia brotan a partir de temas comunes llevados a sus extremos. Ese es un elemento clave del libro: su humor negro, su puesta en escena de la exageración narrativa pero a la vez creando una atmósfera particular y reconocible. Camilo Hoyos reseña el libro Razones para desconfiar de sus vecinos de Luis Noriega.

2015/11/20

Por Camilo Hoyos

El último libro de Luis Noriega, que es una recopilación de cuentos que ha publicado en los últimos 20 años, no trata solamente de las razones para desconfiar de los vecinos, sino que es un libro en realidad escrito para desconfiar de todo el mundo. Los cuentos de Noriega, que algunas veces comparten ejes temáticos y personajes, son la puesta en escena de todo lo bizarro y siniestro que puede suceder en las grandes ciudades, no porque sus cuentos tomen como escenario variados centros urbanos de distintos países, estando eso sí Bogotá presente en tres o más, sino porque en todos encontramos débiles personajes que consiguen por azar o coincidencia realizar un cambio en sus vidas, narrado casi siempre a partir de la violencia y del humor. Todos caminan la misma estela: son personajes carentes de determinación, de carácter o, para decirlo de otra manera, de experiencia.

Desconfiar: ahí está la palabra clave de todos los cuentos. El título refiere únicamente a los vecinos, pero la totalidad de los cuentos hace pensar que tiene que ver con desconfiar de todo el mundo, porque todo el mundo puede hacer daño si se lo propone. Con el primer cuento, que lleva el mismo título del libro, el lector se adentra en un escenario no completamente novedoso, pero sí siempre llamativo, como lo es una comunidad de vecinos contando su versión acerca de un extraño grito que todos oyen en una noche (¿un asesinato?, ¿una tortura?). Ninguno consigue explicarlo, pero ese grito permite que cada vecino reconozca en el otro todo el potencial de asesino o torturador que pueda ser: cuando desconfiamos del otro, le encontramos todas las fallas y nos explicamos todas las hipótesis. Como ejemplo, Manhattan Murder Mystery, de Woody Allen.

Presentada la carta de intenciones, los demás cuentos nos llevan siempre de la mano de personajes que por un motivo u otro su insatisfacción les hace tomar súbitas decisiones que les obligan a vivir lo que nunca han vivido. Siempre prevalece la violencia. No solamente son personajes que han vivido una vida tranquila y sin consecuencias memorables, sino que estos personajes son casi siempre escritores que se han educado solamente en lectura y bibliotecas, y profesores universitarios que jamás han experimentado todo aquello que han leído. Un aprendiz de escritor en Londres que decide acompañar a un viejo a asesinar, otro escritor que decide buscar a los jurados de un concurso de cuento en el cual el suyo no obtuvo el primer premio, y sacarles la verdad del porqué (y como hay que desconfiar de todos, él se sale con la suya: llega a la verdad del veredicto).

Por último el “Tríptico del Mata y Paga”, la historia relatada a de un profesor de física que decide convertirse en una especie de superhéroe urbano, intempestivo, que se dedica a asesinar a todos los taxistas que deciden cobrarle un sobrecargo en las tarifas nocturnas. Dividido en tres relatos, es un cuento que por lo menos llama la atención sobre la realidad de muchos de los profesores de colegio y universidad que teorizan la experiencia, pero nunca se deciden a vivirla. Estos profesores de Noriega los caracteriza el ostracismo, la debilidad, cierto patetismo inherente a su profesión. Son profesores que se ven en la obligación de recurrir a la violencia para poder actuar. La pasión irrumpe repentinamente, a pesar de que los personajes no estén preparados para ello.

Los cuentos de Noriega recrean una atmósfera donde el humor y la violencia brotan a partir de temas comunes llevados a sus extremos. Porque ese es un elemento clave del libro: su humor negro, su puesta en escena de la exageración narrativa pero a la vez creando una atmósfera particular y reconocible. Leídos todos, sin embargo, el lector se pregunta si acaso no ha estado leyendo una misma historia durante todo el tiempo. Hace pensar que de pronto sería mejor, más que un conjunto de cuentos, una pequeña novela.

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