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Llegaron, llegaron

Mauricio Sáenz reseña Los bárbaros de Alessandro Barico

2010/03/15

Por Mauricio Sáenz

Ya están aquí, se están adueñando del mundo, pronto todo será suyo. Son los bárbaros mutantes, que ya medran tanto afuera como dentro de las casas. Alessandro Baricco nos los presenta con sus extrañas fisonomías, su capacidad para moverse de un lado a otro, su tremenda eficacia, su éxito arrollador.

Parecen de ciencia ficción, pero son tan reales como usted o como yo. En Los bárbaros, ensayo sobre la mutación, el escritor italiano, nacido en 1958, sostiene que vivimos una época de rompimiento cultural protagonizada por una raza de mutantes. Ya no se trata del transcurrir de las generaciones, en el que las más jóvenes dejan atrás su herencia. Esta vez parece haber algo más profundo, el abandono, por fin, de las secuelas del Romanticismo. Los invasores ya no tratan de controlar los lugares estratégicos del mapa, sino que “están haciendo algo más profundo: están cambiando el mapa”.

Los bárbaros, ensayo sobre la mutación es un texto atípico desde su génesis. Fue publicado por entregas en el diario La Reppublica en 2006. Baricco nos informa que lo escribió y envió con intervalos de cinco días, y que cuando decidió convertirlo en un volumen, lo dejó tal como estaba, “con sus debilidades, sus incautas velocidades, su barbarie”. Solo al final de este libro lúcido y genial, se juntarán las piezas y veremos por qué Baricco escribió con esa espectacularidad en la forma y ese desprendimiento por el resultado: él mismo es un bárbaro mutante.

Para Baricco, el vino, el fútbol y la industria editorial son “las aldeas periféricas” tomadas por los mutantes donde se ve más claramente su modus operandi. Los vinos de hoy, dice, se consumen más, son simples y espectaculares, pero son indistinguibles, pues provienen de una revolución tecnológica que los ha hecho planetarios. En el fútbol, el juego total, vertiginoso, ha reemplazado al virtuosismo, y los jugadores no son héroes locales de juego inspirado, sino personajes mediáticos. Y los libros que hoy se imprimen, en cantidades jamás soñadas, circulan porque sus “instrucciones de uso” provienen de algo que les es ajeno, como cuando se compra un periódico que viene con un volumen de Faulkner. Nunca se habían vendido tantos, porque el feliz comprador mutante no tuvo que escogerlos, los compró “rápido”, y tal vez nunca los lea.

Baricco analiza a Google, el cuartel general mutante, que encierra la clave: hoy se surfea sin límites el conocimiento, y la profundidad es un abismo peligroso. En su mirada a los algoritmos que escogen los documentos más relevantes en una búsqueda, entendemos el cambio: de la experiencia adquirida por el estudio vitalicio, hemos pasado a la primacía del movimiento: de la cultura del esfuerzo a las experiencias veloces. Todo lo cual implica el fin del romanticismo, porque supone la terminación de los conceptos de alma y espiritualidad que este conlleva.

Y en su brillante último capítulo, Baricco pone como ejemplo a la gran muralla china para explicarnos hasta qué punto es fútil levantar obstáculos. Porque, dice, las murallas, más que para contener una invasión, sirven para marcar las diferencias entre identidades opuestas. “La gran muralla no defendía de los bárbaros: los inventaba. No protegía la civilización, la definía”.

Porque, en realidad, no hay tal invasión, ni tal muralla, sino el borde de una mutación que avanza, y que nos afecta a todos nosotros porque, en realidad, todos somos mutantes. Lo que queda, en últimas, es tratar de gobernar esa mutación, para conservar lo que valga la pena de ese mundo que desaparece, asumir el trabajo refinado de escoger “los lazos que no queremos romper, las palabras que queremos seguir pronunciando y las ideas que queremos seguir pensando”. Un proceso en el que, como ha dicho el autor, la responsabilidad de los intelectuales es enorme.

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