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Los bolsillos de Herbert Wolff, de Rodrigo Parra Sandoval.

Los bolsillos de Herbert Wolff. Rodrigo Parra Sandoval

Crítica libros

Proyectos pasados.

Por: Catalina Holguín Jaramillo

Publicado el: 2013-02-19

Sin orden ni estructura aparente se desenvuelve Los bolsillos de Herbert Wolff, novela sobre un alemán desmemoriado que captura los recuerdos que se le diluyen en notas y fotos que lleva en los bolsillos. El alemán se llama Herbert Wolff y llega al Valle del Cauca en un tiempo incierto en busca de la María de Jorge Isaacs. A Faraón Angola—hijo putativo de Wolff y académico—y a una artista del perfomance llamada Divina Rosa, les queda la tarea de dar una semblanza de orden y de totalidad a los papelitos, fotos y recuerdos dispersos de este fantasmagórico alemán. Lo que leemos es justamente la reconstrucción narrativa de estos dos personajes. El resultado es una novela posmodernista, a propósito intrincada, que busca conjugar en el mismo tiempo narrativo todas las confusiones nacionales: modernidad, salvajismo, endogamia, violencia y olvido.

Wolff, ingeniero, vive como suspendido en el tiempo construyendo y destruyendo el ferrocarril que corre de Buenaventura a Cali. Acaso como una metáfora del desperdicio que representan los ferrocarriles y una burla de ese gran fracaso nacional, el alemán habita los Talleres de Chipichape –lugar destinado para la reparación de las locomotoras. En ese mismo lugar Faraón Angola reconstruye la historia imaginada del viejo, en la que aparecen fogonazos de espacios y momentos realmente fascinantes: el Hotel Estación de Buenaventura, los recorridos del tren del Pacífico, las aventuras palúdicas de los trabajadores del tren, las familias del Pacífico que duermen y gozan sobre palafitos. El texto de Faraón cobra vida cuando Divina Rosa lo lee en voz alta al tiempo que copula con el mismo Faraón. El performance sexual de esta Scherezada arrecha enmarca toda la novela. La justificación de este marco narrativo, a través del cual debemos leer todo el texto, aparece en las últimas páginas y se revela como un artificio que tiene como propósito atar cabos y generar la ilusión de un cierre.

Los bolsillos de Herbert Wolff no es una novela tradicional. Como afirma en un programa radial Luz Mary Giraldo, académica estudiosa de la obra de Parra, la ficción de este colombiano nacido en 1938 convoca a lectores que esperan renovaciones. “El lector tradicional se quedará en una lectura errónea”, sentencia Giraldo. En ese mismo programa radial, Parra afirma que es imposible seguir narrando el mundo contemporáneo haciendo uso de las estructuras narrativas decimonónicas. Es por eso que su proyecto literario recurre a narraciones fragmentarias que mezclan la alta cultura y la cultura popular, el discurso académico y el de la ficción. El proyecto literario experimental de Parra inició a finales de los setenta con El álbum secreto del Sagrado Corazón y continúa hasta la fecha con Los bolsillos de Herbert Wolff.

A fuerza de condenarme a portar el pesado rótulo que propone Giraldo, siento que el potencial temático y conceptual y la riqueza de la prosa de Parra se pierden en los trucos ya un poco passé del posmodernismo –el pastiche, la desestabilización de la autoridad narrativa, la plurivocidad, la mezcolanza de registros y voces, el derrumbamiento de la subjetividad, etcétera–. En una charla del Hay Festival recién celebrado en Cartagena, el mexicano Álvaro Enrigue –famoso por sus libros en que experimentaba con las formas y el lenguaje– dijo que en su última novela, Decencia, había querido hacer lo que nunca había podido: una novela tradicional que corriera de principio a fin. ¡Y qué difícil le había parecido! Era más fácil, según él, escribir en fragmentos, jugar, ora por aquí, ora por allá. Recuerdo a Enrigue en esta lectura de Parra porque, a veces, la misma experimentación formal se puede volver una fórmula.