Los celos

Alejandro Quintero reseña La historia de mi mujer de Milán Füst.

2010/06/29

Por Alejandro Quintero Mächler

Al abrir La historia de mi mujer, de Milán Füst, uno se topa con la siguiente frase: “Que mi mujer me engañaba, lo presentí hace tiempo. Pero con ése…”. De ahí hasta el final de sus 500 páginas, que se leen con ritmo frenético, el libro cautiva como ningún otro. Se compone de las memorias del capitán de barco Jakab Störr, dedicadas, como su título lo sugiere, a su mujer. El capitán es un marino musculoso, intimidante, alto y simplón. Hombre de pocas palabras, solo en un barco se encuentra a gusto, y cada vez que baja a tierra firme su mundo, tan seguro en el mar, en el que es soberano, tiembla. Lo que más disfruta es navegar y llevar la estoica y brutal vida del marino. Las mujeres, antes de conocer a su mujer, poco le interesan. Sus primeros encuentros con ellas son torpes, patéticos y, para él, indescifrables. No conoce el amor ni desea conocerlo.

Sin embargo, y de repente, su vida sufre un giro imprevisto con la irrupción de Lizzy, una francesita menuda y coqueta. Sin muchas dilaciones, se casa con ella. La vida en pareja se mueve entre efímeros encuentros y los largos viajes del capitán alrededor del mundo. Pronto, al sospechar que su mujer lo engaña, Störr se va sintiendo atenazado por los celos. Se suceden peleas y reclamaciones, espionajes furtivos, acusaciones apresuradas, gritos y rendición de cuentas. Por otra parte, el capitán ya no domina su profesión de marino como antes. El mundo de tierra firme, que tanto había temido y evitado, lo persigue ahora con terquedad, le respira en la nuca en medio del oleaje. Así viaje a países exóticos, su conciencia se mantiene anclada en su mujer, en las aventuras de su mujer, en los posibles amantes de su mujer. De todos los candidatos a amante que encuentra, ninguno le parece más despreciable que Dedin, un hombre débil, meloso y conversador, capaz de satisfacer la curiosidad intelectual de su mujer y distraerla durante sus extendidas ausencias. Los obsesivos celos, parejos a desproporcionadas reflexiones, conducen rápidamente a Störr a una revisión total de su vida. Perplejo va comprendiendo que ama a su mujer, pero que no la conoce. Es un enigma, como quizás lo sean todas. ¿Quién es esta misteriosa mujer? ¿Cuándo se convirtió en el centro de su vida? ¿Por qué se casó con él, un capitán simplón y gigantesco? ¿Lo ama como él la ama o acaso ama a Dedin, a ese hombrecito melindroso y cobarde?

La virtud de Füst consiste en ir entretejiendo, a ritmo acelerado, las desordenadas reflexiones del capitán, que van adquiriendo a lo largo del libro un cariz francamente delirante. El lector pronto se percata de que Störr, la mirada de Störr, la única a la que tiene acceso, es insuficiente para comprender a su mujer y la realidad. Füst retrata un mundo moderno que sobrepasa en complejidad a la capacidad individual para aprehenderlo, un mundo azaroso y chocante. Muestra que lo percibido dice más de quien percibe que del mundo real, y es por esto que al final, a través del doble filtro nebuloso que nos propone el húngaro, entre el lector y Störr, entre este y su mujer, uno se queda con la certeza de que el capitán ha querido contar la historia de su mujer pero que solo ha contado la de sí mismo. Solamente ha expresado el pasmo masculino ante al inescrutable corazón femenino y el aterrador vacío que existe entre persona y persona. En pocas palabras: este libro es una joya de la literatura universal.

La historia de mi mujer

Milán Füst

Galaxia Gutemberg. 2010

450 páginas

$95.900

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