RevistaArcadia.com

Los cristianos no cristianos

Mauricio Sáenz reseña La religión americana de Harold Bloom.

2010/03/15

Por Mauricio Sáenz

La sociedad estadounidense, más que cualquiera, vive obsesionada con la religión. Y la causa puede estar en su historia. El surgimiento de esa nación, que promulgaba la igualdad de los ciudadanos ante la ley y la democracia como forma de gobierno, tuvo rasgos de revelación para una humanidad acostumbrada desde tiempos inmemoriales al absolutismo y a la servidumbre.

Por eso, desde muy pronto los habitantes de Estados Unidos sintieron que esa nueva sociedad solo podía ser acompañada por una interpretación religiosa diferente a la clásica europea, que al fin y al cabo expresaba una visión superada. Como nos cuenta Harold Bloom en La religión americana, (publicado en español así, con esa odiosa traducción literal excluyente), ese culto, por mucho que use sus denominaciones, es muy poco cristiano en el sentido histórico.

Bloom marca dos hitos en ese desarrollo: la reunión “revivalista” de Cane Ridge, Kentucky, el 6 de agosto de 1801, que convocó a 25.000 personas (una multitud gigantesca entonces) que se entregaron al éxtasis del conocimiento durante una semana, y el 22 de octubre de 1844, cuando falló la predicción del Millerismo acerca del fin del mundo.

De los movimientos resultantes, Bloom analiza con mayor detalle a los mormones y a los bautistas del sur, y en menor grado a los Adventistas del Séptimo Día, los Testigos de Jehová, los pentecostales, la Nueva Era y las religiones afroamericanas. Detrás de esa diversidad, el autor descubre que un país marcado por la idea de ser el pueblo elegido para enseñar a la humanidad un futuro de progreso y libertad no podía quedar constreñido por concepciones religiosas incapaces de explicar el papel de Dios en la desgracia humana.

De ese modo, la religión americana es, consciente o inconscientemente, un renacimiento del gnosticismo, una doctrina protocristiana. “El gnosticismo, dice, es todo menos nihilista o desesperanzado, motivo por el cual quizá sea ahora, y haya sido siempre, la religión oculta de Estados Unidos, la religión americana propiamente dicha”. En la visión gnóstica, los hombres están animados por el pneuma, o chispa divina, un yo oculto y anterior a la Creación, que los hace tan dioses como el propio Dios. De ese modo, la relación de los fieles con ese Jesús americano es la de una experiencia personal, por lo cual ese culto es, ante todo, un conocimiento, y la conciencia, cuando se centra en el yo, es su fe. Por todo eso, la libertad solo se presenta al estar a solas con el Dios o el Jesús americanos. Y lo que es más, “en la práctica, ningún americano se siente libre si no está solo, y ningún americano reconoce, en última instancia, formar parte de la naturaleza”.

Resulta muy diciente que este libro, que tuvo poca resonancia al ser lanzado en 1992, haya sido reeditado en Estados Unidos, y haya salido por primera vez en español. En esa época, cuando la crisis económica era impensable, es probable que no hubiera interés en apreciar hasta qué punto la vida espiritual de los norteamericanos es fundamentalista y extraña. Hoy acabamos de superar una presidencia que sostenía que el creacionismo es tan científico como el Darwinismo, la misma que lanzó una guerra criminal para atacar un credo que niega la importancia del yo como verdadero parámetro de la vida de millones de norteamericanos convencidos de que Dios los ama individualmente. Una Presidencia que, al permitir la crisis que los tiene al borde de la miseria, puso a sus ciudadanos a pensar que, después de todo, Dios no necesariamente es solo ese ser que los ama.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.